-¿Concienciada?
-Mucho. Creemos que el cáncer de mama sólo afecta a la gente mayor, pero puede darse en personas muy jóvenes.
-¿Conoce algún caso cercano?
-Sí, mi ’nanny’, una inglesa de 24 años, falleció por un cáncer de mama cuando yo tendría unos doce. Lo pasé muy mal y eso me ha marcado. Ella era una más de la familia. Por desgracia, no pudieron salvarla. Dicen que cuanto más joven eres más rápido avanza esta enfermedad. Y no se da sólo en las mujeres. Hay hombres...
-¿También conoce algún caso?
-Sí, el hermano de mi ’nanny’ padeció un cáncer de mama del que por suerte se recuperó. Y también su madre sufrió la enfermedad. Se ve que tenían una predisposición genética. Luego, con el tiempo, he conocido más casos. Entre ellos, el de una amiga de mi madre. El cáncer de mama está muy extendido. Lo importante es detectarlo a tiempo, por eso es tan importante hacerse las revisiones periódicas.
-¿Ya no vive en París?
-No. Ahora estoy en Madrid.
-¿Y su novio, Marco Noyer?
-En Brasil. Lleva ya ocho meses.
-¿Le ve a menudo?
-Antes le veía más, porque él viajaba mucho a Europa. Pero acaban de ascenderle. Ahora tiene más responsabilidad y no puede viajar tanto.
-¿Y usted cómo lo lleva?
-¿La verdad? “Es un rollo! Habría preferido que le destinaran a un lugar más cercano. Por lo menos, a un país europeo.
-Será algo temporal...
-Al principio parecía temporal. Pero desde el ascenso, no sabemos cuánto tendrá que quedarse.
-¿Se mudaría a Brasil, por amor?
-Sería cosa de pensárselo. Pero lo veo difícil. Yo tengo toda mi vida montada en España, tanto a nivel familiar como profesional. Como diseñadora, sigo colaborando con la firma Barbour, donde ahora mismo tengo una colección.
-Y Marco lo entiende...
-Bueno, él se ha ido por motivos laborales y tiene que entender que yo tenga que quedarme por esos mismos motivos. Sensibilidad heredada
-¿Le costaría alejarse de su madre?
-Mucho. Y de mi padre, también. Si tengo que alejarme, al menos que sea para estar cerca de mis hermanos, en Miami. Me siento muy apegada a mi familia.
-Incluso trabaja en familia. Hace poco posó con su madre, hermanas y cuñada junto a Carlos de Inglaterra.
-Ah, sí, en la fiesta de Porcelanosa.
-¿Y cómo es él? Me refiero al príncipe Carlos.
-Uy, muy distinto a lo que se cuenta. Es un hombre estupendo, encantador. No es cierto que sea un estirado. Al contrario, es totalmente cercano. Yo creo que la gente tiene una opinión negativa de Carlos de Inglaterra por culpa de lo mal que acabó su relación con Diana.
-¿Se puede hablar de un sello o una marca Preysler?
-Yo creo que mis hermanas y yo compartimos una especie de sensibilidad heredada de nuestra madre. Y en la imagen quizá nos demos todas un cierto aire, pero de carácter somos completamente distintas.
-¿Quién es la más dulce?
-No sé... Chábeli tiene un corazón enorme. Y Ana es nuestro bebé. Y también tiene muy buen carácter.
-Dicen que usted es la que más se parece a su madre: la heredera del ’imperio Preysler’.
-Me lo dicen a menudo, pero yo por más que intento encontrarme el parecido no lo veo. Somos muy distintas. Si en algo coincidimos mi madre y yo es precisamente en que no nos parecemos.
-¿Ha visto a su hermano Julio anunciando calzoncillos?
-Sí, y me ha encantado. Lo veo guapísimo. Él puede permitirse ese lujo, porque tiene un cuerpo estupendo.