En esta ocasión no hacen falta palabras para explicar su objetivo, pues el mensaje será la presencia de don Felipe junto a doña Letizia en uno de los parajes más bellos de la Tierra, pero que se ha caído del circuito turístico tras las erupciones volcánicas registradas en los últimos meses.
La imagen relajada de los Príncipes en La Restinga, dará la vuelta al mundo y, seguro, supondrá una promoción mucho más eficaz y creíble que la más costosa campaña publicitaria.
No se trata solo de transmitir que la isla ha recuperado la tranquilidad, sino también de presentar el fenómeno volcánico como un atractivo turístico. Y qué mejores embajadores que ellos.
Además, esta será una de las pocas ocasiones en las que los Príncipes se dejen fotografiar en lugares turísticos, porque saben por experiencia que, al final, lo anecdótico acaba eclipsando el verdadero propósito de sus viajes oficiales.
Ya lo experimentaron cuatro meses después de casarse, cuando realizaron una visita oficial a Hungría. Se pasaron todo el viaje con contactos políticos y económicos y promocionando el español.
Justo antes de regresar a España hicieron una excursión a la localidad de Pécs –220 kilómetros al Sur de Budapest–, donde cumplieron con la tradición local de sellar su amor colocando un candado en el Muro de los Enamorados.
Nada más llegar las imágenes a las redacciones, a los enviados especiales nos pidieron que cambiáramos las crónicas serias del viaje por una descripción detallada de este gesto anecdótico.
Todo lo demás dejaba de interesar y se ofreció a la opinión pública la falsa apariencia de que había sido un viaje turístico, cuando el 90 por ciento fue de trabajo. Desde entonces, han evitado las fotos anecdóticas.
Se ha llegado a dar el caso de que, cuando han ido a China, no han visitado la Muralla. En esta ocasión, sin embargo, todos los intereses confluyen: los de los Príncipes, los de los habitantes de El Hierro y los de los medios.
Los herreños, que sin pesca y sin turismo sufren una doble crisis –económica y volcánica– y una tasa de paro del 35 por ciento, agradecerán su presencia, como en su día los gallegos agradecieron a don Felipe que se dejara fotografiar tomando unos mejillones tras la catástrofe del Prestige.
La visita de los Príncipes a esta isla, que es el rincón de España más alejado de la península, se produce cinco años después de la que realizaron los Reyes en noviembre de 2006, al cumplirse 100 años del histórico viaje que hizo Alfonso XIII a Canarias.
Don Juan Carlos recordó entonces las dificultades que tuvo su abuelo en 1906 para desembarcar en El Hierro debido al mal tiempo y a la falta de muelle y de fondeadero. Se le desaconsejó que lo hiciera, pero él insistió diciendo: "No quiero ver tierra española sin pisarla". De las tres visitas reales, quizá esta sea la más oportuna.