Realeza

¿Es feliz Charlene de Mónaco?

  • El príncipe Alberto ha logrado lo que se proponía: convertir a su mujer, Charlene, en la comidilla de los cronistas palaciegos. Pero no, como él pretendía, por ver en ella a la revivida Grace, sino porque olisquean el drama en el glamour del oropel monegasco. Algo ha fallado en la colosal campaña de imagen que comenzó cuando todos asumieron que la bella sudafricana iba a ocupar el trono junto a Alberto.

Han sido años de una meticulosa y prudente estrategia para que Charlene fuera adquiriendo la pátina real que le faltaba a su figura esbelta: clases de protocolo, historia e idiomas; guías espirituales para hacer de una protestante de cuna una devota católica; los mejores estilistas y diseñadores, y las estudiadas apariciones públicas, que sirvieron para demostrar los progresos y, de paso, probar que el futuro matrimonio nacía del amor. Sin embargo, lo que iba a ser la culminación de este ambicioso proyecto, se ha convertido en un terrible fiasco.

Pocos van a recordar la boda de Alberto y Charlene, celebrada a principios de julio, como un deslumbrante acontecimiento mediático sino, más bien, como el origen de una retahíla de rumores sobre el desencuentro de la pareja. La pompa, sus vestidos de alta costura, el 'sí quiero'... Todo eclipsado por las lágrimas de la novia, en las que la mayor parte de la prensa francesa sigue detectando una profunda tristeza.

Es posible que todo haya sido fruto de la maledicencia, que Charlene no se intentara fugar a Sudáfrica tres días antes de la boda –según publicó el semanario francés 'L’Express'– y que Alberto no haya tenido dos hijos de efímeros romances en los dos últimos años –como aseguró el diario Le Figaro–, pero el daño ya está hecho.

Ahora, la prensa no espera la próxima aparición de la princesa para comentar su elegancia, sino para interpretar sus gestos y sus miradas, en busca de los verdaderos sentimientos que den respuesta a la pregunta que más se hacen los monegascos: ¿su vida de casada es un feliz cuento de hadas o una patética mentira? Joëlle Deviras, conocida cronista de Mónaco, asegura que Charlene ha estado "distante y distraída" en sus escasas comparecencias públicas desde que volvió de su luna de miel.

Amenaza a los medios
La primera de ellas fue junto a Alberto, el 21 de julio, para desmentir sus supuestos problemas de pareja: "Siempre he respetado la libertad de expresión, pero la difusión de informaciones falsas es lamentable y susceptible de sanciones penales". La amenaza era clara: los medios que continuaran con esa historia se jugaban una demanda. Eso ha hecho que varios de los periodistas que siguen a los Grimaldi hayan aflojado el bocado, pero sin soltar la presa.

De hecho, al día siguiente de esa comparecencia, algunas cabeceras ponían más atención en Charlene que en las palabras del príncipe: ella se mantuvo a su lado con un gesto gélido y en silencio. Solo al final de la rueda de prensa, Alberto preguntó a su mujer: "¿Quieres añadir algo?". "No, yo creo que lo has dicho todo", le contestó antes de salir cabizbaja de la sala. Pretendían poner fin a la rumorología, pero echaron más leña al fuego: si aquello era un desmentido, ¿por qué no fue la princesa la encargada de cerrar tantas bocas?

Dos semanas después, el 3 de agosto, acudieron juntos a una exposición, en la que Charlene, efectivamente, parecía "distante y distraída". A los dos días, se mostraba mucho más cálida en el Baile de la Cruz Roja. La felicidad parecía brillar tanto como el collar que lució Charlene –850 diamantes y 359 zafiros–, regalo de su marido. El matrimonio abrió el baile con el romanticismo propio de una pareja de recién casados.

Pocos días más tarde, el diario 'Daily Mai'l publicaba que la princesa había prohibido a Alberto cualquier contacto con sus ex y que por eso había borrado el nombre de una de ellas, la azafata togolesa Nicole Coste –con quien tuvo un hijo en 2003– de la lista de invitados a la fiesta. Según el rotativo, una fuente muy cercana al palacio corroboraba la información: "Ella no admite que tenga el estatus de huésped de honor en un acto oficial, y no quiere que Alberto mantenga ninguna relación con sus amantes anteriores".

Desde el comienzo, Charlene es consciente del historial amoroso de su marido; sabe que tiene dos hijos naturales reconocidos: Alexandre, el niño de Nicole, y Jazmin Grace, de 20 años, fruto de una aventura con la camarera Tamara Rotolo. El príncipe está en contacto con ambos y mantiene una buena relación con las madres. Tal es así que Nicole Coste sí fue una de las invitadas al Baile de la Cruz Roja del año pasado. Si entonces no hubo reticencias, ¿por qué ahora Charlene no tolera nada que le recuerde el carácter aventurero de su marido?

Redecorando su vida
Desde esa fiesta, la reclusión de la princesa llamó asimismo la atención. Se dijo que estaba dedicada a redecorar las estancias privadas del palacio de los Grimaldi. Y no han faltado comentarios que aseguran que ha puesto especial cuidado en habilitar una de las habitaciones para que sea su dormitorio individual y su refugio particular. ¿Maledicencia? ¿Filtraciones interesadas? Sea como fuere, la campaña de imagen ha resultado fallida. Así que a nadie puede extrañar que, hace unos días, Alberto despidiera a su consejera de comunicación, Christiane Stahl.

En el peor de los escenarios, que nadie espere una convulsa separación, ya que el acuerdo prematrimonial firmado por la pareja fija las condiciones de tal circunstancia: ella no se quedaría con nada, ni con la custodia de los futuros hijos. Además, una cláusula de confidencialidad le prohibe realizar cualquier revelación que afecte a Alberto o al principado.

El pasado 10 de septiembre, la princesa hizo su última aparición pública hasta la fecha, en el picnic que los Grimaldi organizan a finales de cada verano. Allí se volvió a mostrar taciturna, aunque toda una profesional de la corona. Con la llegada del otoño, la veremos con más frecuencia en eventos y viajes. Es su trabajo y lo realizará de manera impecable. Otro asunto serán los secretos de alcoba que guarden los muros de palacio.

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