El pasado mes de mayo, el representante de Jennifer Aniston confirmaba que Norman, el querido perro de la actriz, fallecía a los 15 años de edad. Para ella, Norman era una persona dentro de un traje de perro y sufrió enormemente su pérdida. Tanto es así que, incluso, decidió tatuarse su nombre en el pie a nombre de homenaje.
Hasta ahí todo normal. Lo curioso de toda esta historia es que la norteamericana acaba de reconocer en una entrevista que tiene colocadas sobre la chimenea de su casa las cenizas de Norman y de otros dos perros más. “Tenemos tres perros muertos ahí puestos; bueno, son sus cenizas. Es algo morboso”, reconoce Aniston. Pues sí, Jennifer, algo raruno sí que es, la verdad.