Se siente orgullosa de su exquisita clientela, en la que figuran nombres como los de Isabel Preysler, Naty Abascal o Eva González. Muy enamorada de su marido después de 48 años juntos, ahora más que nunca se refugia en su familia y su trabajo para sobreponerse a la reciente muerte de su hija Isabel.
Considerada una de las grandes expertas en belleza de España, Maribel Yébenes ha dado un salto más en su carrera al abrir un selecto centro de estética en Madrid, en el que es normal toparse con algunas de las mujeres más deseadas o elegantes del panorama social.
Isabel Preysler, Naty Abascal, Cari Lapique o Eva González son solo algunas de ellas. Si en lo profesional la vida le sonríe, en lo personal ha sufrido el mayor drama que una madre puede vivir tras perder a su segunda hija, Isabel.
- Hoy Corazón: Usted tiene una historia que contar...
- Maribel Yébenes: Confieso que desde los diez años mi gran pasión fue el mundo de la estética. Me maquillaba, me ponía gafas, me hacía fotos, arreglaba a mis amigas, las peinaba... Soy hija única de un padre que se quedó viudo cuando yo tenía 13 meses, por lo que me crió una tía paterna soltera que no paraba de rezar. Con 15 años me fui al instituto de Elizabeth Arden y recuerdo que salí con la piel hinchada y nada favorecida. Fue cuando comprendí que quería dedicarme a la estética y descubrir nuevas técnicas. Me matriculé en la academia Jean D'Estrees a los 18 años y por entonces conocí al que hoy es mi marido, Antonio, que era marino mercante. Antes de acabar ya tenía dos trabajos. En esos años no había alta cosmética en España y empecé a trabajar con las grandes marcas. Destaqué porque empecé a realizar tratamientos muy especiales.
- H.C. ¿Cuándo da el gran salto?
- M.Y. Después de nacer mi segunda hija, Isabel. Con 22 años empecé a trabajar y un año después me casé con Antonio. Tengo que reconocer que es la persona que más me ha ayudado en la vida. Nos casamos en 1963 y ha sido el único hombre que he conocido. No entiendo la vida sin él.
- H.C. ¿No piensa que al no haber conocido a otros hombres se ha perdido muchas cosas?
- M.Y. Estoy convencida de que no me he perdido nada. Pienso que es una suerte en la vida conocer a la persona que te hace feliz. Nunca he tenido ni un solo pensamiento hacia otro hombre. Cuando nos vino por primera vez hace ocho años. Lo hizo recomendada por otra amiga. Conmigo ha funcionado mucho el boca a boca.
- H.C. Naty Abascal es otra de las asiduas a su clínica.
- M.Y. También llegó recomendada por una amiga, creo que fue Melinda Rúspoli.
- H.C. Su trabajo tiene mucho de psicología, ¿no es así?
- M.Y. Hay que saber entender a las personas y comprender sus situaciones. Por eso hablo con todas las clientas, especialmente cuando llegan tras atravesar una situación complicada, como una separación o un trauma. Puedo ayudar hasta un punto. Si veo que la situación va a más, les recomiendo un psicólogo.
- H.C. ¿Qué ha marcado un antes y un después en el mundo de la belleza?
- M.Y. Descubrir que el ácido glicólico, aplicado como peeling o cosmético, rejuvenece la piel. Luego vino el ácido hialurónico inyectado y la revolución del bótox.
- H.C. Hace no mucho, hablar de pincharse la cara con ácidos sonaba a chino. ¿Se ha perdido el miedo a las agujas?
- M.Y. Sí y también el miedo a contarlo. ¿Por qué no te vas a pinchar para estar más guapa? Lo que hay que saber es elegir el médico que te va a tratar, ir a especialistas y recomendar siempre aspectos naturales.
- H.C. ¿En España se pincha bien?
- M.Y. Los mejores que han pinchado en mesoterapia facial son los franceses. Y los mejores en bótox, los americanos. España está a muy buen nivel.
- H.C. ¿Le gusta cómo ha quedado la Princesa Letizia tras su operación y los retoques estéticos?
- M.Y. La encuentro guapísima. El resultado es espectacular. Me parece muy bien que se haya hecho esos arreglos porque además ha acertado con la elección del cirujano. Sé quién es, pero lógicamente no debo dar su nombre.
- H.C. ¿Y no cree que hace falta que sepamos quién es el cirujano de cada famoso al igual que conocemos quién le viste o qué joyas lleva?
- M.Y. Claro que debería decirse. ¿Por qué no? Pero hay quien tiene miedo a reconocer esos cambios. Parto de la base de que, a partir de cierta edad, no hay cara que aguante. Hay mujeres que cuidándose y tratándose sostienen su cara hasta los sesenta y tantos. Pero hay otras que con 40 están destruidas.
- H.C. ¿Qué tal le va teniendo a su hija Miriam trabajando a su lado?
- M.Y. Este último cambio ha sido pensando en ella. Yo estaba muy tranquila y feliz en mi anterior local, pero Miriam va a continuar con la empresa. Está muy ilusionada, le encanta, es trabajadora. Estudió Derecho y Empresariales y ahora compagina el trabajo con estudios de Enfermería.
- H.C. Hace siete meses vivió su peor tragedia al morir su hija Isabel. ¿Cómo están?
- M.Y. Es lo peor que puede pasar en una familia. Es brutal, brutal... (Maribel se emociona y no puede evitar llorar). El trabajo ha sido un arma para mí, pero aún no puedo hablar de mi hija.