Ésta es una imagen única,
porque pocas veces volveremos a ver semejante error de protocolo: una
princesa sola, desconcertada, sin saber qué hacer ni adónde
ir. Los Príncipes de Asturias llegaban al palacio presidencial
de Lima, como parte de su visita oficial a Perú.
Se abren las
puertas del coche oficial y cada uno de ellos baja por su lado. Don
Felipe es recibido por Alan García, el presidente del
país, y otros miembros del Gobierno, y se encaminan hacia el
interior del palacio, donde desde una tribuna comienzan a escuchar
los himnos nacionales. '¿Y doña Letizia? ¿Alquien
sabe por dónde anda?'
Solo lo sabía un funcionario, que
observó en medio de la plaza de Armas a una señora
vestida con un atractivo vestido burdeos (otra vez de Felipe Varela)
que deambulaba por allí esperando alguna indicación.
Con eso no quiero decir que la Princesa no tenga capacidad de
reacción, sino que en determinados ambientes, uno se
acostumbra a que estén programados hasta los pestañeos
y cuando se produce un impensable vacío en el devenir perfecto
de las casas reales, hay un instante de colapso y alarma difícil
de solventar.
Así que al final, la futura reina y el
funcionario se encaminaron con paso rápido hasta donde estaban
los hombres de Estado y entre ellos se colocó la Princesa, de
la forma más discreta que pudo, cuando los himnos ya casi
acababan. Y fue justo después cuando el presidente García
la saludó y se interesó por lo ocurrido: "-¿Qué
pasó?" "-Pues no lo sé", respondió la
Princesa con una sonrisa forzada y alzando los hombros como una
chiquilla a la que su padre ha encontrado perdida en un centro
comercial.
En todo caso, doña Letizia recordará esto
como una experiencia irrepetible y, quizá, refrescante: hacía
siete años que no sentía que nadie se fijaba en ella.