Entre Nosotras

Piratas por Julia Navarro

Penélope Cruz y Johnny Depp en una imagen de Piratas del Caribe

No llevan parche ni garfio en lugar de mano izquierda y la mayoría serían incapaces de matar a una mosca. Pero aún así son piratas. Unos trabajan como funcionarios, otros son profesionales liberales, muchos son adolescentes, incluso hay amas de casa. Sin embargo, roban sin remordimiento de conciencia.

En realidad, sin conciencia de estar robando. Me refiero a los que se bajan música y películas de internet gratis total. Los que creen que todo lo que hay en la Red es para su disfrute y que no tienen por qué pagar por ello. También los que compran en los tops manta sabiendo que los CD han sido pirateados. Aunque si alguien les robara el televisor, las joyas o el ordenador, esperarían que la ley castigara al ladrón. Pero estos piratas amables y cotidianos como el vecino del quinto, el jefe o tus hijos, son una fuerza electoral imponente y nadie se atreve a hacerles cumplir la ley, a que paguen por lo que se bajan de la Red.

Cada vez que un Gobierno intenta ordenar las descargas en internet, los internautas organizan un escándalo y las autoridades se achantan. Mientras, el trabajo de músicos, cantantes, escritores, guionistas, técnicos, directores, actores... se convierte en un regalo para quien quiera disponer de él, para quienes creen que lo que hay en la Red les pertenece. En ocasiones, en mesas redondas con jóvenes, hemos terminado discutiendo porque creen que tienen derecho a descargarse cualquier cosa sin pagar. Igual que piensan que no pasa nada por comprar películas piratas, perfumes, bolsos... Hace años me preguntaron en una emisora de radio chilena si me importaba que mis novelas estuvieran en los tops mantas de América Latina. Ingenua, dije que no, que lo entendía, que como los libros pueden resultar caros para algunas personas, se ven obligadas a comprar copias pirata.

Recuerdo que una hora más tarde me llamaba Ricardo Caballero, consejero delegado de Random House Mondadori, para darme una bronca a la italiana, suavemente, con ironía y risas. Me dijo que si quería regalar mis libros a ONGs le parecía bien, pero que una cosa era donar y otra que me piratearan. Eso supone dejar de cobrar derechos de autor y que la editorial no tenga ganancias. Me dijo que, si quería trabajar gratis para las mafías, allá yo y me explicó el negocio y las grandes ganancias de quienes piratean. Vamos, que son multinacionales. Llegué a la conclusión de que tenía razón.

P. D.: Esa gente tan normal, que cree que no hace nada malo comprando en los tops manta o bajándose sin pagar cuanto encuentra en internet, son caraduras, piratas consumados. Eso sí, sin el encanto de aquellos de los mares del Sur o el Caribe. Quizá he visto demasiadas películas de Hollywood de piratas.

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