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Aosta. Tres modos de conocer el valle italiano

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En este rincón del noroeste de Italia, la naturaleza se dibuja con mayúsculas. Rodeada por los “cuatro mil” más imponentes de los Alpes –Mont Blanc, Cervino, Monte Rosa y Gran Paradiso–, esta liliputiense región autónoma se esparce entre parques, reservas naturales, glaciares, lagos alpinos y 28 estaciones de esquí que dan forma a un gran valle central ramificado en 13 valles laterales. Con una personalidad única marcada por la influencia de sus vecinos –Suiza al Norte y Francia al Oeste–, sus 124.000 habitantes dominan el italiano, el francés y el franco-provenzal. Si no se contrata un viaje organizado, lo más recomendable es alquilar un coche en los aeropuertos de Turín o Milán-Malpensa (a 115 y 180 kilómetros de la capital Aosta, respectivamente). Te proponemos tres formas de descubrirlo a fondo.

1. Practicar turismo activo. Esquí, alpinismo, trekking, mountain bike, equitación, pesca deportiva, parapente, golf o rafting son algunas de las actividades que cada año atraen a cerca de un millón de turistas a esta comarca, la única de Italia en la que puede practicarse heliesquí (alcanzar las cumbres en helicóptero para descender con los esquíes). Incluso en agosto se puede disfrutar del deporte blanco en la estación de Cervinia, a más de 3.000 metros de altitud. Una red de 107 refugios y vivacs garantizan la asistencia a los amantes de los deportes invernales.

2. Adentrarse en la historia. El fuerte de Bard, una imponente construcción militar del siglo XI, representa un buen punto de partida para explorar los 11 castillos visitables que salpican el valle. Una parada obligatoria merece la capital, Aosta (antigua Augusta Praetoria), conocida como “la Roma de los Alpes”, por albergar numerosos restos romanos.

3. Relajarse. Pocos saben que el turismo en Valle d’Aosta nació de los balnearios termales. Un buen ejemplo son las termas de Pré-Saint-Didier, abiertas en 1838. Escogidas como lugar de veraneo por la familia real de los Saboya, su recorrido termal incluye desde bañeras relajantes con música subacuática y saunas en cabañas de madera hasta jacuzzis al aire libre con vistas a la cumbre del Mont Blanc.

DORMIR Y COMER

Una habitación con vistas. Situado en La Salle, la puerta de entrada al Valle del Monte Bianco, el Mont Blanc Hotel Village combina el encanto rural de la zona con servicios de cinco estrellas (el único de esta categoría en todo el valle). Imprescindible disfrutar de su restaurante La Cassolette y de su spa, con parte de sus instalaciones construidas en grutas. Habitación doble con desayuno y acceso al spa, 198 €. Info: www.hotelmontblanc.it

Gastronomía autóctona. En el restaurante La Clusaz (11010 Gignod, Ao), en el Valle del Gran San Bernardo –cerca de la frontera con Suiza–, ofrecen especialidades como la polenta (gachas con harina de maíz), el jamón de Bosses y exquisitos quesos. Tienen dos menús a 35 € y 38 €.

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