Desde las almenas de la torre de Bujaco, actualmente Centro de Interpretación de la Tres Culturas, se divisa el perfil de torres y tejados de la vieja ciudad, laberinto de sinuosas calles que encierra la muralla. También se avista extramuros la Plaza Mayor, como un gran portal rectangular del recinto amurallado, con el encanto de sus construcciones porticadas, entre las que se halla el Ayuntamiento. En un rincón aledaño está el Foro de los Balbos, testigo de la que fuera una de las principales ciudades romanas de la Vía de la Plata.
La estrella que corona y da nombre al principal arco de entrada es un farol para iluminar la estatua de la Virgen en este acceso, hasta el siglo XVIII ocupado por la Puerta Nueva y que forma parte del recinto amurallado erigido por los almohades en el siglo XII sobre la fortificación original romana, que se conserva intacto en distintas partes. El recuerdo de los tiempos de dominio árabe está presente en la torre Redonda, unida al palacio de Carvajal, o en el aljibe del antiguo alcázar, hoy integrado en la Casa de las Veletas. De origen aún más remoto de la ciudad son las pinturas rupestres de la cueva de Maltravieso, descubierta fortuitamente en el área urbana.
Los palacios y casas blasonadas surgen en las plazas y estrechas calles. Son icono de la monumentalidad de la ciudad y mantienen cierto aspecto defensivo, a pesar de que Isabel la Católica hizo derruir torres y almenas para evitar las disputas de la nobleza local. Así es como algunas fueron retocadas con aires renacentistas y barrocos, y se convirtieron en palacios. En el entorno de la concatedral y plaza de Santa María destacan el de Mayoralgo o el de los Golfines de Abajo. En la zona de la plaza e iglesia de San Mateo surgen el de los Paredes Saavedra o el de Lorenzo de Silva.
Extramuros las piedras también narran historias. La Orden de los Fratres, una de las primeras de monjes guerreros, está vinculada a la iglesia de Santiago. Y todavía más “mansiones”: una ventana de esquina distingue el palacio que Francisco Godoy Aldana construyó en el siglo XVI, con las riquezas que trajo de América, donde acompañó a Pizarro.
Dormir y comer
• Ilustre. Un caballero de la Orden de Santiago se hizo construir en el siglo XIV el palacio que hoy ocupa el Parador de Cáceres. Detalles góticos, renacentistas y barrocos, un patio y confort. Info: www.parador.es.
• Sabores de la tierra. La mejor y más auténtica gastronomía extremeña desfila por los platos que se sirven en el restaurante El Figón de Eustaquio, clásico entre los clásicos de la ciudad. Info: www.elfigondeeustaquio.com.
• Comer en una torre. Tencas, migas y otras delicias extremeñas en La Tapería con terraza en pleno casco histórico. Está en la Torre de Sande, que da nombre al restaurante aledaño. Info: www.torredesande.com.
+ Información. En poco más de tres horas se cubren, en coche, los 300 km que dista Cáceres de Madrid. También se puede llegar en tren. Información: www.caceres.es.
TORTA DEL CASAR. 6€
Es el precio, en una tienda de la zona histórica, de una pieza de pequeño tamaño del famoso y muy cremoso queso.