La Universidad de Sevilla, que ofrece a sus alumnos la posibilidad de terminar de hacer su examen después de que el docente les requise la “chuleta” con el fin de que puedan recurrir su suspenso ante una comisión de docencia.
La chuelta puede ser, según la Real Academia de la Lengua, "la costilla con carne de animal..." o "un papel pequeño con fórmulas u otros apuntes que se lleva oculto para usarlo disimuladamente en los exámenes..." . Lo cierto es que la segunda acepción ha desarralloda mucho el ingenio de los estudiantes y algunos pasan más horas "creando la trampa" que delante de los libros.
Todos hemos comprobado verdaderas obras de arte o de ingenieria para poder acceder a la información "oculta e indescifrable" de los apuntes. Pero de quedar fascinado ante una "gran chuleta" a permitir que los estudiantes que tengan una puedan acabar su exámen, hay un trecho.
Esto es lo que acaba de aprobrar la nueva normativa sobre evaluación y calificación de la Universidad de Sevilla, que ofrece a sus alumnos la posibilidad de terminar de hacer su examen después de que el docente les requise la "chuleta" con el fin de que puedan recurrir su suspenso ante una comisión de docencia.
La Normativa Reguladora de la Evaluación y Calificación de las Asignaturas señala que aquellos profesores que sorprendan al alumno con "cualquier objeto material involucrado en una incidencia" podrán requisarlo "sin destruirlo".
Dicho objeto se entregará posteriormente a una comisión de docencia -integrada por tres profesores y tres alumnos con igualdad de voto- que, en caso de que el estudiante decida alegar su suspenso tras haber sido acusado de copiar, decidirá si éste es pertinente o no.
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