Presentaciones. En un ambiente formal, se presenta la persona más joven a la más mayor, el hombre a la mujer (excepto si él tiene mucha más edad o categoría) y la de menor jerarquía a la de mayor.
• Si una persona se acerca a saludar a un grupo, las mujeres pueden quedarse sentadas, excepto si se trata de una mujer mayor. Los señores deben hacer el gesto de ceder el asiento, pero lo correcto es buscar una nueva silla para el recién llegado.
• Podemos autopresentarnos, con decisión y una sonrisa, si al acercarnos a una persona o grupo no hay nadie que dé a conocer nuestro nombre.
• ¿Quién saluda primero? Hoy no tiene importancia, pero la etiqueta dicta que primero tiende la mano la persona a la que se le presenta el desconocido y después el presentado. Si es alguien de mucho nivel –los Reyes, el presidente del Gobierno–, debemos esperar a que ellos nos saluden, como respeto a su rango.
• Debemos emplear fórmulas sencillas: “¿Conoce usted a...?”, “voy a presentarte a...”. Para responder, diremos con naturalidad: “Encantada”, “me alegro de conocerte” o “me han hablado mucho de ti”, según la situación.
• El saludo verbal suele acompañarse con un gesto. Podemos dar dos besos (al aire), pero no es obligatorio, especialmente con personas extranjeras, que pueden no tener esa costumbre. Siempre es correcto estrechar la mano con fi rmeza. Aunque ya no se lleva, los señores pueden hacer el gesto de besar la mano de las señoras.
• ¿De tú o de usted? En una reunión con gente de toda clase, usar de entrada el usted nunca falla. Es imprescindible si nos presentan a alguien de más edad o nivel social o jerárquico, y con aquéllos de nivel inferior o que por su trabajo no pueden tutearnos, como camareros o conductores. El tú se utiliza para las personas de nivel o edad similar a la nuestra.