Últimamente has oído hablar más que nunca de bancos y cajas de ahorros. Sabes que han estado en el centro de la crisis y has llegado a la conclusión de que no todas las entidades financieras son iguales. Sospechas que no tratan a todos los clientes de la misma manera y que la contratación de sus productos y servicios puede negociarse. Por eso, has decidido dedicar más tiempo a tus ahorros y tomarte en serio la relación con tu entidad financiera. ¿Cómo hacerlo? ¿Qué primeros pasos hay que dar? Rafael Rubio, director de la revista “Mi cartera de inversión” y autor de “¡Manos arriba! Esto es un banco” (Ed. El Siglo), nos desvela todos los secretos.
Cómo hay que acercarse a una entidad financiera
Es fundamental la actitud con la que uno trata de iniciar una relación con una entidad financiera. Es bastante frecuente que, cuando alguien quiere abrir una cuenta corriente o domiciliar su nómina, se muestre sin ningún pudor ignorante sobre asuntos económicos y financieros. Con esa inoportuna y gratuita confesión pretenden dar muestra de su total confianza en la entidad y, de forma particular, en el empleado que le atiende, aunque acabe de conocerlo. Quienes así actúan cometen un error capital y están entregando un cheque en blanco, pero bien firmado, a su entidad, que a partir de entonces le tratará como a un cliente poco exigente y al que será fácil convencer para colocar cualquier producto.
La consecución de los resultados de las entidades financieras se logra a costa, principalmente, de este tipo de clientes que dan por bueno cualquier iniciativa del banco y que nunca demandan nada, ni cuestionan ninguna de las decisiones que puedan adoptar en su nombre.
Qué puedes pedirle a la tuya
Pregúntate lo que esperas de ella, pero antes pon en valor lo que puedes aportarle. Porque podrás conseguir más cosas si estás en condiciones de facilitarle lo que busca entre sus clientes. En el mundo de los bancos y cajas, aunque hasta ahora no te lo haya parecido, todo es negociable y, tras la crisis financiera, el cliente ha subido un peldaño en la estimación de las entidades. La materia prima de los bancos es el dinero. Ahora es más difícil encontrarlo en los mercados exteriores y han de recurrir a la clientela nacional. Si tienes domiciliada la nómina, puedes pedir que no te cobren algunas comisiones. Ciertas entidades no cobran comisión de gestión ni por depósito de forma automática a quienes domicilian su nómina y conceden de forma gratuita, sin cuotas anuales, una tarjeta de crédito. Si existe esta oferta en el mercado, no hay razón por la que debas prescindir de esa ventaja. Si la fidelidad no se respeta en el “sagrado vínculo”, no tienes por qué seguir en tu entidad si no responden a tus justas expectativas.
Si suscribes un plan de pensiones y te comprometes mensualmente a ahorrar alguna cantidad, aunque sea pequeña, o si usas con frecuencia una tarjeta de crédito de esa entidad, puedes pedir también que te eximan del pago de comisiones por un cierto número de transferencias mensuales. No lo olvides: negocia las condiciones.
Dónde coloco mi ahorro
Para dar respuesta a esta pregunta debes conocer en primer lugar cuál es tu perfil de ahorrador. Tu entidad financiera te deberá presentar un cuestionario de acuerdo con la Mifid (Directiva sobre Instrumentos del Mercado Financiero) para situarte como ahorrador. Pero es mejor que tú mismo te sometas a un autoexamen con unas simples cuestiones que te ayudarán a decidir en qué producto o mercado deberías colocar tus ahorros.
Una de las preguntas fundamentales que debes contestarte es la siguiente: ¿cuándo necesitaré el dinero ahorrado? No es lo mismo colocar una cantidad que te va a hacer falta dentro de seis meses que poder prescindir de ese ahorro durante los próximos tres años. Si necesitas el dinero en breve, deberás recurrir a una cuenta o a un depósito a seis meses o menos. Si no cuentas con ese ahorro hasta seis meses o más, ya puedes considerar la posibilidad de un fondo de inversión (de renta fija para los conservadores, mixtos para los prudentes y de renta variable para los más arriesgados). A partir de seis meses se puede sacar el dinero de los fondos sin pagar comisión.
Si tu ahorro es a largo plazo y consideras que no lo necesitarás durante los próximos tres años, puedes pensar en colocarlo en un fondo de renta variable o comprar acciones de forma directa de valores sólidos, como Telefónica, Banco Santander o BBVA. Tienen riesgo, pero a largo plazo ofrecen una posibilidad de revalorización que no tienen otros productos financieros.
En cualquier caso, lo más importante es que antes, durante y después de realizar una inversión observes si duermes con la facilidad de siempre. Si la inversión te inquieta y no te deja dormir bien, no lo dudes: cambia tu dinero de sitio. No hay mejor forma de medir tu perfil de riesgo que tu descanso.
De qué debo estar especialmente prevenida
• Rentabilidad. Asume que nadie da duros a pesetas y que la rentabilidad está en relación directa al riesgo. Por tanto, si alguien te ofrece un producto que da una alta rentabilidad segura, que dobla o triplica a lo que está dando un depósito bancario, pregúntate dónde está el riesgo, que lo hay. Sin duda.
• Participaciones preferentes. Si te las ofrecen al 5, 6 o 7% de rentabilidad anual, debes saber que si las compras quedarás unida de por vida a ese producto, a menos que estés dispuesta a venderlo por mucho menos dinero de lo que los compraste. Además, para conseguir la rentabilidad prometida, tu entidad deberá obtener unos buenos resultados, lo que no será tan fácil en los ejercicios venideros.
• Productos estructurados. Mucho cuidado con ellos porque son sólo para inversores muy expertos y, si apuestas por ellos, es fácil que te pierdas en las estructuras y la mucha casuística que contienen. Cuidado también con los llamados productos garantizados. Cerciórate que se garantiza el total de lo invertido y que no hay cláusulas confusas.
• Descuento en las compras. Muestra un cierto escepticismo de entrada con esas tarjetas de crédito que descuentan un porcentaje de las compras que realices. Es verdad que hacen un descuento, pero luego la entidad lo cobra aplicando un fuerte tipo de interés a la cantidad que has de pagar en cómodos de plazos por tus compras.
• Lee e infórmate. En cualquier caso: analiza los folletos antes de firmar la orden de compra, pregunta a algún amigo si tienes dudas, infórmate. La cultura financiera es sólo eso, cultura, y acceder a ella no es tan complicado y, por el contrario, resulta muy enriquecedor en todos los sentidos.
YA TENGO BANCO ¿Y AHORA QUÉ?
Si ya te has decidido por un banco o caja de ahorros, no te duermas en los laureles. El esfuerzo y la atención has de mantenerlos en el tiempo porque, de lo contrario, lo que hayas acordado puede servirte de muy poco.
Vigila los extractos de tu cuenta y solicita que en una sola hoja se recojan mensualmente todas las posiciones (la cuenta, la hipoteca, el fondo de inversión o de pensiones…) que tienes en esa entidad.
Es seguro que descubrirás el intento de cobro de la cuota anual de una tarjeta de crédito que te iban a dar gratis y que, cuando preguntes por ello, te responderán que la culpa es del sistema informático. También te querrán cobrar incorrectamente algunas comisiones y sólo el control a través de su extracto bancario lo impedirá.
Estate atento a las ofertas y anuncios de otras entidades financieras. Si alguna te interesa, házselo saber a tu banco o caja de ahorros, para que te hagan una oferta semejante.
Las condiciones pactadas no tienen que ser eternas, porque el precio del dinero y la situación del mercado son cambiantes. Si baja el precio del dinero, tu entidad te lo transmitirá para ajustar a la baja sus condiciones. Pero si sube el precio del dinero, las nuevas y mejores condiciones sólo se suelen conceder a los nuevos clientes, lo que no es justo la mayor parte de las veces.