El primer invento exitoso de la globalización no es de esta era. Se creó hace miles de años y continúa siendo la herramienta más poderosa para seguir el compás en extremos opuestos del globo: el calendario. En esta agenda del tiempo, con fechas marcadas en relieve –cumpleaños, aniversarios, festividades y hasta puentes–, hay una especialmente significativa: el 1 de enero. Ese día miles de personas arrancan la primera página y marcan la línea de salida para cumplir su lista de buenos propósitos. Dejan atrás el caos de las fiestas, las comilonas y los brindis, deseosas de que llegue, por fin, la normalidad. Y con ella los empeños clásicos con los que comenzar el año, que transitan entre ponerse a dieta, ir al gimnasio, aprender inglés o dejar de fumar, olvidando, quizá, el que resulta ser el muro de carga: aprender a organizarse y poner orden, o lo que es lo mismo, tirar y clasificar.
MONTAÑAS IMPOSIBLES. La batidora que no funciona pero cuyo pie podría servir si acabamos adquiriendo otra igual (algo con escasas probabilidades de suceder, pues para entonces seguramente será un modelo descatalogado); la guitarra a la que le falta una cuerda; el cofre con recuerdos inservibles de la adolescencia, etcétera, resultan prescindibles. En algunos casos, somos conscientes; en otros, la realidad nos pone sobre aviso cuando el espacio libre en casa, en la oficina o en el disco duro del ordenador empieza a escasear. Es entonces cuando hacer limpieza se convierte en un imperativo. La tarea parece sencilla, pero no lo es; despojarse de posesiones exige planificación y desapego. Además, para evitar dramas, una vez conseguido el objetivo, es conveniente seguir el mantra que impedirá que el desorden vuelva: "Antes decomprar un nuevo objeto, piensa si realmente lo necesitas".
Valentina Thörner da Cruz es una de las más firmes defensoras de esta filosofía. En su perfilde Linkedin se presenta como "organizadora profesional", y en su blog, aboga por "reducir tus pertenencias para reconquistar tu propio espacio y dar rienda suelta a tu creatividad". Y añade una reflexión nada desdeñable: "El tiempo que antes invertías en limpiar, ordenar y administrar todas las cosas superfluas, ahora lo puedes pasar con amigos, avanzando en tus estudios o dedicándolo a un 'hobby'. Nunca subestimes el efecto que tu entorno tiene sobre tu rendimiento".
PRIORIDADES. Ciertamente, empezar por poner orden en la vida cotidiana, en todos los ámbitos posibles, es una buena manera de plantearse retos accesibles, con magníficos resultados y sin que exija grandes esfuerzos. Para empezar, ahí va un consejo muy sencillo y fácil de seguir: enumera las actividades pendientes, colócalas según su prioridad, delega algunas de ellas, tacha las que puedas aplazar para reducir la que, seguro, es un lista muy abultada. Después, asigna día y hora a las restantes y planifica cuánto tiempo invertirás en realizarlas. Y mucho ánimo, ¡tampoco es tan difícil!