Especiales

Página XIV

Realmente aquella joven de la fotografía debió de ser muy atractiva, o acaso me lo parecía a mí porque ya había decidido que realmente era mi bisabuela.

Leí el registro del bautismo varias veces hasta convencerme de que era el que buscaba.

«Javier Carranza Garayoa, hijo de don Santiago Carranza Velarde y doña Amelia Garayoa Cuní. Bautizado el 18 de noviembre de 1935 en Madrid.»

Sí, no había lugar a dudas, aquél era mi abuelo y la tal doña Amelia Garayoa su madre, que había abandonado al marido y al hijo para fugarse, al parecer, con un marino.

Me sentí satisfecho de mí mismo diciéndome que me estaba ganando los primeros tres mil euros prometidos por mi tía. Ahora tenía que decidir si la hacía partícipe de mi hallazgo o si continuaba investigando antes de desvelarle el nombre de nuestra antepasada.

Le pedí a don Antonio que me permitiera fotocopiar la página donde aparecía registrado el bautismo de mi abuelo, y tras jurar solemnemente que le devolvería el libro intacto y a la mayor brevedad, me marché.

Hice varias copias. Después fui yo quien insistió a don Antonio que guardara aquel libro original bajo siete llaves, pero que lo tuviera a mano por si volvía a necesitarlo.

Ya sabía cómo se llamaba mi bisabuela: Amelia Garayoa Cuní. Ahora tenía que encontrar alguna pista sobre ella y pensé que lo primero era buscar algún miembro de su familia. ¿Habría tenido hermanos? ¿Primos? ¿Sobrinos?

No tenía ni idea de si el apellido Garayoa era muy común en el País Vasco, pero convenía que viajara allí cuanto antes. Llamaría a todos los Garayoa que encontrara en los listines telefónicos, aunque aún no había decidido qué iba a decir a mis interlocutores… si es que me cogían el teléfono.

Pero antes de irme de viaje, pensé en echar una ojeada al listín telefónico de Madrid. Al fin y al cabo, mi bisabuela había vivido aquí, se había casado con un madrileño. Quizá tenía algún familiar…

No esperaba hallar nada, pero para mi sorpresa encontré dos familias Garayoa en la guía de Madrid. Apunté los teléfonos y las direcciones mientras pensaba cómo debía proceder. O bien les llamaba, o bien me presentaba directamente a ver qué pasaba. Me incliné por lo segundo y decidí que al día siguiente probaría suerte con la primera dirección.

-FIN-

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