Especiales

Recupera tu capacidad de amar




Historia | Belleza | Lencería| Regalos | Test | Psico | Escapadas | Singles | Cocina | Pareja |


Algo más que marisco, para los enamorados

No sólo el marisco aumenta tu libido. A hora que se acerca el día en el que damos vueltas a la idea de qué regalar a nuestra pareja, también podemos obsequiarnos con algunas preguntas de interés: ¿Todos podemos amar? ¿Se puede perder esta capacidad después de algunos fracasos amorosos? Cuando nos aceptamos como somos y hemos aprendido a querernos, podemos querer y soportar algunas decepciones. Pero si hemos sufrido demasiado y tenemos cuentas pendientes, quizá no nos quede energía psíquica para amar. Detrás de síntomas como la depresión, las neuralgias, etc., hay siempre una larga historia de desencuentros y traumas amorosos. Cuando sufrimos por desventuras actuales, estamos pagando por lo general cuentas antiguas de las que ni siquiera sabemos nada.

La trama amorosa y de deseos que teje nuestro inconsciente prospera junto a una compleja amalgama de afectos: rivalidad, desamparo, envidia, desolación... Hablamos de sentimientos que todos los humanos sufren o gozan durante la infancia y de cuya elaboración posterior dependerá que hayamos conquistado una subjetividad con mayor o menor capacidad de amar. Cuentas pendientes Natalia llegó a la consulta de su psicoanalista un poco antes de la hora y dio una vuelta alrededor de la casa antes de tocar el timbre. Necesitaba dominar el terreno y prepararse para la sesión.

Estaba un poco angustiada. Entró y comenzó a relatar sus síntomas: No duermo bien, porque tengo pesadillas; no me apetece salir a la calle, porque tengo miedo. No encuentro sentido a mi vida y a veces, por las noches, me digo a mí misma: Quiero morir mañana. No puedo ocuparme de mi familia y me parece que he abandonado a mi marido y a mi hija. Deben estar hartos de mí, aunque no me dicen nada. Se queda en silencio con la mirada perdida. Después de un tiempo, su psicoanalista le pregunta qué piensa y Natalia se echa a llorar. No estaba pensando nada dice. Pero es que tampoco me parece bien hablar aquí de mi familia, es como sacar los trapos sucios. Poco después vuelve a utilizar la expresión trapos sucios y la psicoanalista le señala que ya los ha mencionado antes refiriéndose a su familia.

Entonces Natalia añade: Cuando era pequeña, vi a mi padre haciéndole cosas a mi tía y se lo dije a mi madre, pero ella me dijo que estaba mal que me inventara cosas tan sucias. Se separaron poco después y yo me sentí culpable. Al poco tuve la menstruación y me asusté. No sabía qué era y se lo fui a decir a mi madre, pero ella estaba enfadada conmigo, no recuerdo por qué. Así que antes de escucharme, me echó de casa y cerró la puerta. Me quedé allí, llorando, pensando que algo se había roto dentro de mí. Creo que la odio, siempre me he preguntado si me ha querido y creo que no.

Aceptar los afectos Natalia esperaba que la psicoanalista le dijera que era un monstruo por hablar así de su madre, pero no dijo nada. Más tarde se dio cuenta del resultado que había tenido sobre ella el hecho de que alguien la escuchara sin criticar sus afectos. Sus palabras, pronunciadas en aquel espacio, le ayudaron a descubrir otros aspectos de su historia de los que antes no era consciente. Llegó a entender lo que había sentido por su madre y a darse cuenta de que algunos de esos sentimientos estaban basados en deseos inconscientes. Parte del odio dirigido a ella tenía que ver con la rabia que guardaba hacia su padre porque se había sentido abandonada por él.

El rechazo que su madre tenía a su feminidad la había llevado a detestar la suya propia. Se liberó de lo que le pesaba. Los afectos que consideraba inaceptables se aliviaron y, sobre todo, la culpa que sufría por ellos. Ya no se sentía ni tan mala ni tan víctima, sino querible. Después de un tiempo de análisis, Natalia hizo un regalo a su pareja en San Valentín, una frase sacada de una canción: Nunca le han faltado a nuestro amor para estar vivo razones. Había vuelto a quererle, pues había salido de la depresión y él la esperaba. La capacidad para amar es una conquista que se produce cuando se disfruta de una salud psíquica adecuada. n ¿Qué nos pasa? Cuando el amor a nuestra pareja se convierte en aversión, quizá estemos atrapados en vínculos afectivos patológicos que repetimos sin darnos cuenta. Podemos haber desplazado hacia nuestro compañero o compañera sentimientos que estaban dirigidos a otros, pero que nunca fueron conscientes.

El miedo a la intimidad con otro puede organizar una máscara de desafecto que nos defiende de sentir tanto el amor como el odio. Cuando se tiene miedo a los sentimientos, tampoco se puede amar. La frialdad evita que se expresen las emociones que se censuran, pero la represión arrastra todo tipo de afectos, incluido el amor. Exigir al otro más de lo que puede darnos, así como la falta de aceptación de nuestras propias carencias, nos hace retirarnos del encuentro amoroso con nuestra pareja.

¿Qué podemos hacer?
Para comprender por qué sufrimos por amor lo primero que conviene aceptar es que no entendemos lo que nos está pasando y que hay deseos inconscientes que nos empujan por un camino que nosotros no queremos. Tenemos que dejar de echar la culpa al otro y empezar a dirigir las preguntas a nosotros mismos. La trama afectiva de toda historia de amor guarda enigmas acerca de la identidad, los deseos que pusieron en nosotros, y de adónde van dirigidos los nuestros. Si nuestra historia emocional está herida, podemos recuperar en una psicoterapia la salud suficiente para hacernos cargo de nuestros deseos. Tiempo de preparación: 2 min. dificultad: fácil.




 

Publicidad
Publicidad