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¿Renta fija o variable?

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La decisión probablemente más importante para un ahorrador, en la actualidad, es la de si se refugia en la renta fija, que da seguridad y una rentabilidad establecida de antemano, o apuesta por obtener un beneficio mayor en la renta variable, aun a riesgo de sufrir pérdidas. Para aclararse en esta disyuntiva, conviene recordar algunos criterios clásicos que siguen siendo válidos.

Dinero sobrante.

Hay un primer axioma que dice que las familias sólo deben invertir en Bolsa el dinero que les sobre. No se puede jugar con fondos destinados a cubrir necesidades básicas, como la vivienda o la educación de los hijos, porque resulta demasiado peligroso o arriesgado.

Largo plazo.

Uno de los mejores antídotos contra las pérdidas en la renta variable ha sido desde siempre el largo plazo. La inversión debe hacerse con un horizonte de al menos entre tres y cinco años, de modo que si la Bolsa baja, como está ocurriendo en la actualidad, el ahorrador no se vea obligado a vender en un mal momento. Los mercados, tarde o temprano, se recuperarán.

Diversificación.

Cuando se habla de renta variable, conviene seguir la clásica recomendación de no poner todos los huevos en la misma cesta. La máxima es diversificar, lo que significa distribuir la inversión en títulos de empresas distintas y en sectores (bancos, telecomunicaciones, eléctricas, etc.). Cuando no se cuenta con capital sufi ciente para ello, los instrumentos de inversión colectiva (fundamentalmente fondos de inversión y planes de pensiones) permiten obtener una diversifi cación adecuada.

Visión de conjunto.

Conviene analizar globalmente las inversiones familiares y calcular qué porcentaje se encuentra comprometido en renta variable. Éste debe ser acorde con la situación familiar (vivienda en propiedad o no, ingresos, seguridad en el trabajo, jubilación) y también con la tolerancia o la aversión al riesgo del ahorrador. Hay que tener en cuenta que, a partir de un 50% del capital en Bolsa, el perfil del inversor se considera “agresivo”.

Confianza.

Por último, en las actuales circunstancias de crisis internacional, hay que valorar también la confianza personal en el futuro de la economía en un momento en el que se habla de “refundación del capitalismo”. Quien piense que la situación va a mejorar en un plazo razonable puede aprovechar el momento e invertir en renta variable. Quien tenga alguna duda al respecto hará bien en ser cauto y esperar.

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