L. Ontiveros

Autor: D.R.
Foto: Javier G.M., alias El “Cuco”, menor implicado en la muerte y desaparición de Marta del Castillo, que goza de libertad vigilada desde hace cuatro meses.
Ante delitos graves, como el asesinato de Marta del Castillo, en los que presuntamente han participado menores, parte de la sociedad se pregunta si habría que cambiar esta norma.
1. La edad en el punto de mira. El Partido Popular ha expresado su deseo de presentar una proposición de ley para que, en casos de especial gravedad, pudiera imputarse a menores de 14 años. La Ley actual establece que no se le exige responsabilidad al menor, sino que se le aplica lo dispuesto en las normas sobre protección de menores previstas en el Código Civil.
2. ¿Cuál es la raíz? “Cuando se plantean estos debates, me llama la atención que todo se reduzca a rebajar o no la edad penal. Pero no se habla de las causas. De la educación, por ejemplo, bajo mínimos en España, del papel secundario de los padres...”, opina José Mª Pérez Zúñiga, doctor en Derecho y director de la Fundación Núcleo de la Escuela Superior de Comunicación.
3. Algo más que valores. Carlos Morán, coautor junto al juez Emilio Calatayud del libro “Mis sentencias ejemplares” (ed. La esfera de los libros), considera que “resulta evidente que existe una crisis general de valores. Principios que creamos los adultos y que ahora legamos a nuestros hijos. Hace 30 años, pegar a un padre era algo completamente impensable. Un completo tabú. Hoy no es que este comportamiento esté a la orden del día, pero casi... Está claro que algo hemos hecho mal”.
4. ¿Más delitos o más denuncias? Según la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2009, los delitos cometidos por menores fueron 8,3% más numerosos respecto al periodo anterior. Para Calatayud, “cualquier caso va al juzgado. Así parece que existe un mayor número, lo cual no es cierto. Lo que sí es preocupante es el incremento de delitos violentos cometidos por menores”.
5. Evitar la reincidencia. Para este juez, conocido por sus sentencias reeducadoras, “además del internamiento hay muchas otras alternativas para reparar el daño”. Acerca del éxito de estas acciones señala que “la Junta de Andalucía ha hecho un estudio sobre menores sometidos a internamiento y el 70% no reincide. En régimen medio abierto, el 80% no reincide”.
6. Aclarar el concepto de la edad. Para seguir una línea coherente habría que establecer una serie de acuerdos para unificar a nivel legal qué cosas pueden hacer los menores a determinadas edades, porque existen muchas contradicciones. El juez Emilio Calatayud pone varios ejemplos: “Una cría de 13 años puede consentir relaciones sexuales, pero no se puede dar de alta en la red social Twenti. Una chica de apenas 16 va a poder abortar y no se puede sacar el carnet de conducir, no puede comprar un coche, ni una casa y no puede hacer testamento. Me parece una barbaridad”.
EL SÍNTOMA DE UN FRACASO SOCIAL
Por Emilio Calatayud (Titular del Juzgado de Menores Nº 1 de Granada)
Bajar a 12 y 13 años la edad para que un menor sea imputado supone el fracaso de toda la política a nivel familiar, escolar y social. En principio, no soy partidario de rebajar la edad penal, pero en todo caso, si se llegase tras un largo debate, a la conclusión de que hay que sentar en el banquillo a menores de esas edades, sería con la única condición de no imponer nunca medidas privativas de libertad; es decir, sentarlos en el banquillo, pero adoptando penas alternativas al internamiento. Éstas pueden ser, por ejempo, la libertad vigilada y los trabajos en beneficio a la comunidad. Y esto siempre y cuando exista el reconocimiento de que hemos fracasado en todas las facetas. Porque yo estoy convencido de que estamos fallando mucho.
Primero, los padres y el tipo de educación que están fomentando. Parece que no son conscientes de su responsabilidad. También existe un fallo a nivel educativo, cristalizado en el fracaso y ausentismo escolar. Y por supuesto, debemos tener en cuenta que estamos en una sociedad más violenta que antes y en la que los medios de comunicación están lanzando mensajes de que todo vale. Socialmente tenemos ciertos complejos que no nos permiten poner límites a nuestros menores. Les hemos hablado de todos sus derechos, pero no de deberes, y la verdad es que hay que saber poner límites a nivel familiar, escolar y social. Vivimos bajo la ley del péndulo, hemos pasado de un extremo al otro.