Dicen que hay a quien se le conoce por sus amigos; otros creen que lo que nos define es el contenido de nuestro armario; y también están quienes aseguran que la personalidad se plasma en la vivienda. Pero desde que llegara la revolución femenina a las carreteras y prácticamente alcanzáramos la igualdad al volante –en España, de cada 10 conductores, seis son hombres y cuatro mujeres–, hay otro elemento que se considera extensión de nuestra personalidad: nuestros coches.
De hecho, según una encuesta de The Associated Press y AOL, el 62% de los entrevistados asegura que puede inferir la personalidad de alguien sólo con ver su coche. Y hay hasta quien atribuye rasgos personales a su automóvil y no duda en bautizarlo (dos de cada 10 encuestados). Sin embargo, también nuestra forma de conducir habla de nosotros, y si nos atenemos a las cifras parece que hombres y mujeres somos muy diferentes. Para empezar, por nuestro sentido de la responsabilidad, que es bastante más alto en el colectivo femenino.
Según el estudio “Hábitos de la mujer conductora española”, elaborado por la empresa de seguros para automóviles Línea Directa, las velocidades medias a las que nosotras circulamos se ajustan más a lo permitido: la cantidad de hombres que rebasa el límite máximo de velocidad duplica a la de las mujeres en las autovías, mientras que la triplica en carretera. Algo que está muy relacionado con el siguiente dato: los hombres provocan accidentes en un porcentaje mucho más alto que las mujeres –uno de cada 3.000, por una de cada 15.000–. De ahí que la Dirección General de Tráfico haya retirado menos carnés a las conductoras y que la mayoría conserve sus puntos intactos, ya que en los tres años de vigencia del carné por puntos ellos han acumulado el 81% de las sanciones.
Pero cifras aparte, hay algo en lo que hombres y mujeres coinciden, y es en que ambos consideran los coches que conducen como una de sus posesiones más preciadas. Tanto que suelen establecer relaciones especiales con ellos. De esos “motorizados” vínculos hablan cuatro conductoras.
Cristina Colino y Beatriz Gil de Araujo, corredoras del rally solidario Madrid-Mali. “Matutano” era el quinto miembro de nuestro equipo de rally”
“El 1 de agosto partimos hacia Mali con un Renault 12 de 1977, al que acabamos cogiendo muchísimo cariño. Se lo compramos a un señor de un pueblo de Toledo que llevaba toda la vida con él y lo había bautizado como “Matutano”, porque era amarillo y “ondulado”. Nos costó unos 200 € e invertimos alrededor de 1.000 € en ponerlo a punto. Para nosotros era el quinto miembro del Spanish Siesta, nuestro equipo, y aunque en el rally participaban todo tipo de coches, incluso tres ambulancias y uno funerario, nuestro R12 se portó como un campeón. En él pasamos 20 días recorriendo 8.500 kilómetros y nos pasó de todo: tormentas de arena, quedarnos encallados en “tierra de nadie” entre Marruecos y Mauritania… África es impredecible, pero lo bueno es que la gente siempre está dispuesta a echarte una mano. Te quedabas tirada, te dabas la vuelta y veías a 30 personas empujando el coche para ayudarte a salir. Para nosotras ha sido una experiencia increíble, en la que además de conocer parte de África de forma distinta, hemos contribuido un poco al desarrollo de pueblos que no tienen ni medios de transporte. Nos dio una pena horrible dejar el R12 en Hombori, porque el objetivo del rally es entregar el coche en la población a la que llegas para que pueda usarse para campañas de vacunación y ese tipo de cosas, pero te quedas con el buen sabor de boca de que a mucha gente le servirá para algo”.
Tania Prieto, aficionada al “tuning”. “Estoy orgullosa de mi coche. Es el niño mimado de la casa”
“Hace tres años conocí al Herrera Tuning Club y me uní a ellos. Poco a poco he ido invirtiendo lo que he podido en mi Fiat Punto: he cambiado los parachoques, modificado las llantas… Es una afición cara, pero me encanta estar orgullosa de mi coche y que la gente lo mire. Como no tengo casa, él es lo único que puedo decir que es mío, y procuro cuidarlo. Tanto que cuando me han dado un golpe me he llevado un berrinche. Toda la familia está orgullosa del Dark Ebony, que es como lo hemos bautizado: mi padre está encantado cuando me dan algún premio y mi madre se lleva los trofeos al pueblo para presumir. Es el niño mimado de la casa”.
Blanca Menéndez, conductora de monovolumen. “Con un monovolumen, no tienes que escoger qué llevarte y qué no”
“Cambiar al monovolumen fue una cuestión logística: así, al viajar con nuestras hijas, no tenemos que pensar qué llevar y qué no porque cabe todo. Además es muy cómodo para sentar y sacar a las niñas de la silla, si tienes que desplazarte dentro de él... A lo que me resisto es a las pantallas de DVD, que aunque son muy tentadoras para que los viajes con niños sean más relajados, creo que le quita el encanto. Prefiero que se distraigan mirando por la ventana, que es lo que hemos hecho todos”.
Carolina Vaquero, conductora de limusinas. “Algunos piensan: “¿Esta chica puede con este coche tan grande?”
“Cuando empecé a trabajar en esto, llevar una Licoln de nueve metros de largo me daba respeto. Comparada con mi Seat Ibiza es enorme. Hasta que coges las medidas de la limusina, todos los giros te parecen imposibles y las calles, pequeñísimas. Algunas realmente lo son: en una ocasión provoqué tal atasco que tuvo que venir la Policía a echarme una mano. Pero, tras dos años de experiencia, le he cogido cariño. Además, tiene cosas positivas, como que cuando me subo a mi coche me parece tan pequeño que tengo la sensación de que lo puedo aparcar en cualquier lado. O que los clientes casi siempre la contratan para ocio, así que siempre vienen de muy buen humor. En ocasiones se sorprenden al ver que la conductora es una mujer y ponen cara de “¿Esta chica tan pequeñita va a poder llevar un coche tan grande?”. Pero como están de fiesta, que les lleve una mujer les parece una anécdota más”.