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Foto: Una estampa vertical, sobrecogedoramente hermosa, forma la vieja Cuenca anidada en lo alto de un intrincado roquedal ...

Cuenca: paisaje urbano en las alturas

  • Encaramada en lo alto de una peña que abrazan los ríos Júcar y Huécar, la ciudad antigua desafía la ley de la gravedad con sus casas colgadas y sus rascacielos medievales. La ciudad manchega tiene el mérito de ser Patrimonio de la Humanidad no sólo por el valor histórico y singular de su entramado urbano, sino también por el imponente entorno natural que la envuelve.
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Una estampa vertical, sobrecogedoramente hermosa, forma la vieja Cuenca anidada en lo alto de un intrincado roquedal que surge, formando profundas hoces, desde los ríos Júcar y Huécar. La vista es un elevado decorado en el paseo que recorre la orilla de Júcar desde la Puerta de San Juan. Por un camino ascendente, se llega hasta las murallas desde la plaza del Santuario de la Virgen de las Angustias y la torre del castillo, ideal para contemplar la hoz y la ciudad.

El perfil inconfundible se avista desde la otra hoz, la del río Huécar, atravesada por el puente peatonal de San Pablo, una estructura metálica erigida en 1902, que lleva al convento del mismo nombre, del siglo XVI, asentado sobre una alta roca y hoy Parador Nacional. Desde allí, se avista la escena más simbólica: las Casas Colgadas, única parte que se salvó de un barrio del siglo XVII que formaba una gran cornisa sobre el abismo. En dos de estas casas tiene sede el Museo Nacional de Arte Abstracto, emblema de la imbricación de la ciudad con la cultura.

Los “rascacielos” es como se denomina popularmente a las viejas construcciones tradicionales que cuelgan su altura también sobre el precipicio de la hoz del Huécar; algunos hasta de 12 plantas, aunque su fachada principal, en la calle Alfonso VIII, no sobrepase los cuatro pisos. Es ésta una de las vías principales y más típicas de la Cuenca alta y antigua, a la que se abre la fachada de la iglesia de San Felipe Neri.

Un espacio triangular es la Plaza Mayor, rara forma que se debe a la dificultad del entramado urbano para adaptarse a la cima rocosa que ocupa. El protagonismo se lo lleva la catedral y la vistosidad de su fachada neogótica, detrás de la que se disponen las piedras más antiguas del edificio, construido en el siglo XII, y las joyas de su ornamentación interior. Entre ellas, el transparente del altar, de Ventura Rodríguez, una de las obras esenciales del barroco español.

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