La introducción de alimentación complementaria ha de ser entre los 4-6 meses ya que las necesidades energéticas del bebé aumentan y la leche ya no cubre estas necesidades por si sola. Aún así, la leche y derivados deben seguir siendo el alimento principal durante el primer año de vida. A partir del 4º-6º mes se debe ir introduciendo una Alimentación Complementaria (AC) por medio de cereales, frutas, verduras, hortalizas, legumbres, carne, pescado, huevo o los derivados de la leche, que son los principales alimentos que tradicionalmente componen la AC.
Aunque hay que tener en cuenta que la cronología nunca debe ser rígida, lo cierto es que la incorporación debe ser secuencial y progresiva, con intervalos de varios días entre dos nuevos alimentos a fin de detectar posibles intolerancias y dar tiempo al niño a acostumbrarse a nuevos sabores.