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¿Qué grupos de alimentos componen la Alimentación Complementaria?

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• Cereales:

Se dividen en dos grupos: cereales sin gluten (arroz, maíz, tapioca) y cereales con gluten (centeno, cebada, trigo, avena). Se debe empezar con los cereales sin gluten alrededor del 4º mes y posteriormente (nunca antes del 4º mes ni más tarde del 8º mes) con los cereales con gluten. Las papillas de cereales se preparan con la leche materna o de fórmula, en la primera toma de la mañana y la última de la noche, sin disminuir el volumen de leche.

 

Los cereales aportan energía en forma de hidratos de carbono, con un alto contenido de almidón. Contienen ácidos grasos esenciales, sales minerales y vitaminas.

 

Frutas:

Deben introducirse en el mismo período que los cereales sin gluten (a partir del 4º-5º mes de vida). Una buena forma de inicio a la fruta son los zumos sin azúcar y con cuchara, para evitar la denominada “caries del biberón”. Posteriormente se pueden comenzar a dar purés de frutas. Las más utilizadas son las naranjas, el plátano, la pera, la manzana.

 

Aportan hidratos de carbono, fundamentalmente en forma de glucosa y fructosa, vitaminas, minerales y fibras vegetales

 

Verduras y hortalizas:

Se pueden introducir desde el 4º-6º mes de vida, en la toma del mediodía en forma de puré. Las verduras inicialmente recomendadas son entre otras: judías verdes, acelga, puerro, patata, zanahoria y calabacín. Existen verduras no recomendadas en los primeros meses: col, nabos, remolacha o espinacas.

 

Aportan agua, hidratos de carbono, proteínas y lípidos (en pequeño porcentaje), minerales, vitaminas (principalmente del grupo B) y fibra que favorecen el peristaltismo y la formación del bolo fecal.

 

Carnes:

Se introduce a partir del 4º-6º mes junto con el puré de verduras. Se debe comenzar introduciendo carnes magras y suaves como el pollo, y más tarde ir introduciendo poco a poco otras carnes como ternera, vaca, conejo y por último el cordero.

 

Aportan proteínas de alto valor biológico que contienen todos los aminoácidos esenciales, hierro y vitaminas del grupo B, con escasa diferencia entre las carnes de los distintos animales (aves, ternera, vaca, cordero y conejo).

 

Pescados:

No se recomienda su introducción hasta el 8º-9º mes de vida, por su alergenicidad. Hay que comenzar por los pescados blancos (merluza, lenguado, rape, bacalao,…), que son mejor tolerados debido a su menor contenido graso y retrasar los azules (atún, sardina, trucha, salmón, pez espada,..) hasta los 15-18 meses.

 

Al igual que la carne tienen proteínas de alto valor biológico, vitaminas y minerales, en especial fósforo. Las grasas contienen ácidos grasos poliinsaturados de la familia omega 3 con importante efecto beneficioso en desarrollo cerebral y cognitivo del bebé.

 

Legumbres:

Se pueden introducir a partir del 12º mes en forma de purés, que preparadas junto con cereales o patatas se consigue un alimento muy completo y de alto valor biológico. Su administración será muy gradual y progresiva, 1 ó 2 veces por semana, favoreciendo así el incremento de la actividad enzimática y digestiva y evitando la flatulencia.

 

Aportan vitaminas y fibra, y son una buena fuente de proteínas de origen vegetal.

 

Huevos:

Debido a su contenido en colesterol y potencial alergénico, se aconseja introducir la yema a partir del noveno o el décimo mes, y la clara al año. Debe administrarse cocido. Se puede incorporar a los purés de verduras de la misma forma que la carne y el pescado, comenzando por un cuarto de la yema y aumentando progresivamente.

 

Aportan proteínas de alto valor biológico, hierro y vitaminas.

 

Leche entera de vaca y derivados lácteos:

La leche entera de vaca es hiperproteíca, hiperosmolar y deficiente en ácidos grasos esenciales, hierro, vitaminas D y C. No debe introducirse antes del año de edad. Como alternativa es aconsejable utilizar, de los 12 a 36 meses, “fórmulas de crecimiento”, que se elaboran suplementadas o fortificadas con hierro, oligoelementos y vitaminas. Las leches descremadas no deben utilizarse en menores de 2 años. Los derivados lácteos como yogures y productos fermentados, son una buena fuente de calcio, y pueden introducirse en la dieta desde el noveno mes. Otros derivados lácteos, como el queso fresco, pueden ofrecerse a partir de los 10-12 meses.


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