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We love bici

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La bicicleta ha vuelto y parece que, esta vez, está dispuesta a quedarse. Los ciclistas están tomando las calles de muchas ciudades europeas, dispuestos a encabezar la auténtica revolución del siglo XXI. No, no se trata de una teoría sin pies ni cabeza.

La expone el antropólogo Marc Augé, autor del libro “Elogio de la bicicleta” (Gedisa): “El regreso de la bicicleta a las calles de las grandes ciudades supone un cambio enorme en la manera de vivir el espacio urbano, la propia identidad y, aún más allá, el germen de una utopía que ha calado hondo en la juventud. En decadencia los grandes “ismos” ideológicos de otros tiempos, el ciclismo apunta como alternativa”. Hay muchos motivos para pensar que la bicicleta puede ser la herramienta de esta revolución. Según Augé, “el desarrollo del ciclismo en la ciudad ha potenciado las relaciones humanas, permite escapar de la soledad, una de las lacras de las grandes urbes. Los ciclistas no usan el teléfono móvil, al contrario que los que van en coche o a pie. La bicicleta te obliga a estar plenamente donde estás. Así, se vive más intensa y lentamente el espacio físico y eso potencia la identificación del individuo con su ciudad, la pertenencia. El milagro del ciclismo devuelve a la ciudad su carácter de tierra de aventura, de travesía. Pedalear es sentir la autonomía y la libertad”.

Enganchados a la bici

En nuestro país, dos millones de personas utilizan la bicicleta a diario y 35 millones saben manejarla (23 tienen una propia), según el primer barómetro global de la bicicleta, realizado recientemente. Y es que todo son ventajas: no contamina, no hace ruido y no provoca atascos, su mantenimiento es sencillo y barato, su uso contribuye a mejorar la forma física y no exige que le llenen el depósito todas las semanas, un dato importante en estos tiempos de crisis. Además, está considerado como uno de los métodos de transporte más seguros. Y lo sería más aún con infraestructuras adecuadas que evitaran la convivencia de ciclistas, coches y camiones.

Sin duda, todo apunta a que la bici será el medio del transporte del futuro. Y para que esto se haga realidad, hacen falta más carriles específicos, el respeto a los ciclistas por parte del tráfico rodado y una nueva conciencia social hacia el uso de las dos ruedas. Sin embargo, todavía son muchos los que no se deciden a subirse a la bici. Iñaki Díaz, portavoz de la asociación Pedal libre, lo explica: “El miedo a los coches es la causa principal por la que no hay más adeptos y la segunda es el miedo a hacer el ridículo, al qué dirán. A la gente le cuesta romper ese tabú, porque considera poco serio presentarse en el trabajo en bici y piensa que le mirarán raro si cambia el coche por las dos ruedas”.

Claro que la lucha contra el cambio climático puede hacernos cambiar de opinión: según un estudio de la Comisión Europea titulado “En bici. Hacia ciudades sin menos humos”, si un tercio de los desplazamientos en coche se hiciese en bicicleta, se ganaría un 39% en tiempo en los trayectos, se ahorraría un 30% en su coste y se reduciría un 25% la contaminación. ¿A qué esperas para sumarte al movimiento de las dos ruedas?

EL “BICING” EN ESPAÑA

Miles de bicis sin dueño recorren las calles de las ciudades de Europa. Pertenecen a todos y no pertenecen a nadie. Gracias a un bono de precio simbólico, se toman, se usan y se devuelven a la comunidad para que otra persona pueda utilizarlas. Se trata de una nueva concepción del transporte público que aspira a cambiar la forma de desplazarse por las grandes urbes del siglo XXI.

Actualmente, el servicio público de préstamo de bicicletas existe en 24 ciudades europeas, entre ellas París, Bruselas, Viena, Estocolmo, Oslo y Dublín y pone a disposición de sus habitantes cerca de 40.000 bicicletas.

En nuestro país, Sevilla (www.sevici.es), Barcelona (www.bicing.com), Zaragoza (www.bizizaragoza.com), Córdoba (Ciclocity) y Gijón ya disponen de esta nueva forma de moverse por la ciudad. En marzo del próximo año, Madrid se unirá a esta iniciativa con My Bici. La primera ciudad en poner en práctica este sistema automatizado para poder tomar la bici en un lugar y dejarla en otro fue Rennes en el año 1996.

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