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Antes de decidirse por una inversión en concreto, tanto de renta fi ja como variable, conviene revisar las opciones más destacadas que pueden encontrarse en el mercado.

Depósitos a plazo.

Como en otras situaciones anteriores complejas, los depósitos actúan como refugio para ahorradores que huyen de la Bolsa o los fondos de inversión. En su versión clásica –es decir, una imposición a plazo fijo sin más añadidos–, los depósitos tienen a su favor la sencillez del producto, la ausencia de gastos de gestión y un tipo de interés razonable para las circunstancias del mercado. Ahora mismo pueden encontrarse rentabilidades del 7% (ActivoBank, a tres meses) o 6% (Ofi cinadirecta. com, a seis o 12 meses). Con el precio ofi cial del dinero al 3,25% y una inflación del 3,6% no está mal. Sus principales inconvenientes son dos: el primero es que, para obtener la rentabilidad pactada, el cliente debe mantener el capital al plazo establecido. Si necesita recuperar su inversión, normalmente puede hacerlo, aunque con una penalización que suele llevarse por delante la mayor parte de los intereses generados, si no todos. El otro problema es que en algunos casos se piden cantidades mínimas bastante elevadas para acceder a la inversión (5.000 € en el producto de ofi cinadirecta.com, por ejemplo, y 3.000 € en varios de los restantes).

Depósitos estructurados.

Son los menos recomendables en este contexto de crisis –y lo cierto es que no se publicitan tanto como antes–. Tienden a presentarse como ofertas complicadas de entender para el cliente, que combinan un tipo de interés fijo, normalmente muy bajo, con un porcentaje tampoco muy generoso de la rentabilidad de la Bolsa en un determinado período. O también aquellos que en los que sólo se obtiene el beneficio prometido si una acción concreta –o una cesta de acciones– cotiza a un determinado precio en una fecha fijada de antemano.

Fondos de inversión.

Han sido una de las fórmulas más utilizadas durante muchos años. Al ser un producto de inversión colectiva, permiten acceder a toda clase de mercados, tanto nacionales como internacionales y tanto de renta fija como variable, a cualquier tipo de ahorrador y a partir de sumas de dinero pequeñas. Tienen también la ventaja de su liquidez, puesto que la inversión se recupera en 72 horas como máximo. El problema es que últimamente no han presentado buenos resultados. Como es lógico, los de renta variable se han visto muy penalizados por la crisis. Tampoco los fondos de renta fija –hacia los que teóricamente se podrían dirigir los ahorradores en una coyuntura como ésta–, han arrojado en estos años grandes benefi cios. Más inf.: www.inverco.es y en www.cnmv.es.

Acciones.

La inversión en renta variable puede hacerse de forma directa, eligiendo las acciones que se quiere adquirir y componiendo uno mismo su propia cartera. Los analistas consideran que la Bolsa está actualmente barata, lo que significa que pueden encontrarse valores sólidos a precios muy bajos porque han sido muy castigados por la crisis. El problema es que ahora mismo hay una gran volatilidad en los mercados –un día ganan un 10% y al día siguiente lo pierden– y tampoco se sabe si la Bolsa ya ha tocado suelo.

Planes de pensiones.

Es un producto destinado específicamente a crear un capital con el que complementar la pensión de jubilación. Invierten de un modo similar a los fondos –las categorías son parecidas, aunque hay una variedad menor– y los últimos datos disponibles son incluso peores que los de éstos. Los planes de renta variable nacional han perdido una media del 26,50% en el último año y un 2,26% en los últimos tres años. Los de renta fija a largo plazo han dado rentabilidades bastante ridículas: 1,19% de media en cinco años y 1,72% en 10 años. Los planes de pensiones tienen una regulación legal específica: el dinero no se recupera hasta el momento de la jubilación y la inversión anual está limitada a un máximo de entre 10.000 y 12.500 €, según la edad. Las aportaciones se restan de la base imponible en la declaración de la renta, lo que da un ahorro fiscal igual al tipo impositivo marginal del contribuyente. Pero hay que tener muy claro que esos impuestos que se dejan de pagar ahora nos los cobrará Hacienda cuando se reciba el capital, es decir, en el momento de la jubilación. Por eso, más que evitar los impuestos, lo que se consigue es simplemente diferirlos hacia el futuro. Más inf.: www.inverco.es.

Deuda pública.

Los valores del Tesoro Público permiten una inversión en renta fi ja a distintos plazos y con unos gastos no muy altos. Las últimas emisiones ofrecían un interés del 3,9% para plazos de seis y 18 meses y del 3,23% a un año. Los bonos y obligaciones, que son a plazos más largos, dan rentabilidades algo superiores. Estos valores pueden venderse cuando se quiera, por lo que la inversión sí tiene liquidez. Más inf.: www.tesoro.es.

Plan individual de ahorro sistemático (PIAS).

Es un producto de ahorro creado en la última reforma fi scal, por lo que entró en vigor en 2007. Va dirigido a un ahorrador conservador, que quiera garantizarse una cantidad fija de por vida en el momento de la jubilación.

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