La realidad es que hombres y mujeres cada vez nos acercamos más, al menos sobre el papel. Las cifras revelan que ellos no se encuentran a tanta distancia de sus contrapartes femeninas (en el caso de España), pues si nosotras somos el 50 % de la población, ellos son el otro 50, si nos casamos en torno a los 30 años, nuestras parejas suelen rondar la misma edad, si logramos nuestro primer contrato indefinido antes de la treintena (quienes lo logran) a ellos no les va mucho mejor (aunque sí un poco mejor) y si el permiso de maternidad es de 16 ridículas semanas, el de paternidad no es para tirar cohetes: apenas 15 días por hijo desde la reciente reforma realizada a finales de 2006 (antes eran dos días) y una posibilidad bastante poco cómun por su escasa aceptación laboral de disfrutar parcialmente del de maternidad.
Pero no es día hoy de hacer un alegato en favor de los derechos e infortunios del hombre, sino mas bien al contrario. Ellos siguen pasándonos de largo a la hora de conseguir un trabajo, de cobrar más por el mismo o peor desempeño y siendo promovidos con preferencia frente a una mujer en muchas empresas. Además, siguen sin dar el callo en las tareas domésticas, no suelen tener tantos problemas para conciliar vida laboral y familiar, sus carreras no se ven interrumpidas o definitivamente paralizadas por la maternidad y no sufren tantas situaciones violentas como las mujeres.
Eso si, vivimos más años que ellos.