Cajón desastre

Foto: Después de un rato elegí a Donna León, “Muerte en La Fenice” me pareció un tipo de lectura entretenida y decidí seguir ...

Larssonmanía

  • A principio del 2008, observando mi biblioteca, me di cuenta que no tenía, ni había leído nunca, “Novela negra”. En la librería que habitualmente adquiero mis libros me pusieron ante una estantería del género negro con nombres de escritores totalmente desconocidos para mí.
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Después de un rato elegí a Donna León, “Muerte en La Fenice” me pareció un tipo de lectura entretenida y decidí seguir a esa peculiar escritora. La dama del crimen, sitúa todas sus novelas en la ciudad que eligió para vivir, Venezia, pero, curiosamente, para que nadie la conozca ni la interrumpa en sus visitas a todos los rincones de la isla, sus libros han sido traducidos a 31 idiomas excepto al italiano.

Siguió en mi lista el que por ahora es, mi "gran descubrimiento" Henning Mankell empecé por “La quinta mujer” y en la actualidad uno de sus últimos libros “El chino” me fascinó. Me gustan tanto como escritora como lectora los títulos originales, largos. En más de una ocasión un titulo diferente ha hecho que disfrute de un libro.

El verano pasado descubrí un nombre que me impacto “Los hombres que no amaban las mujeres” lo miré y me gustó aquella fotografía con una joven delgada y con mirada interrogante. No lo adquirí pero… quedó en mi retina. A los pocos días volví a fijarme en aquella portada y me lo llevé a casa sin saber a ciencia cierta de que iba. Estuvo unos días en mi “estantería de pendiente”. Me enganché enseguida a Larsson.

Empecé a decírselo a mis amistades y comprobé como iba subiendo en primeros puestos de ventas. El segundo lo empecé con ideas preconcebidas y… me equivoqué. Las 749 páginas estuve esperando que sucediera algo que sucede en la última. No tengo que explicar como me leí el libro. Disfrutaba y empezaba a oír la historia de aquel hombre que había escrito la peculiar trilogía. Empezó a hablar todo el mundo de Stieg Larsson de su trágica muerte, de su herencia, de las desavenencias familiares, de su pareja y de la tercera y última entrega de su obra póstuma. Hoy después de meses de espera tengo en mis manos su último libro y tengo una sensación extraña.

Quizás con solo tres libros, el fenómeno de la Larssonmania vivirá eternamente. ¿Y si en vez de 3 hubiera escrito 7? ¿Seguiría teniendo esa sensación de que tengo entre mis manos 853 páginas de uno de los libros que me ha enganchado más en los últimos años?
 
Los que nos consideramos admiradores de Stieg Larsson y de su obra buscamos encontrar en ese puñado de nuevos autores en su mayoría suecos algo que nos enganche y adquirimos algunos de ellos. Estoy deseando que llegué mi hora de lectura para enfundarme en mis cómodas zapatillas, mi habitación en silencio y entre mil manos un grueso volumen en el que me hará sentir, pasear, y ponerme en el papel de una Salander fascinante.

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