Lo mismo ocurre con el agua. Kilómetros y kilómetros de costas devastadas por olas gigantes y asesinas cuando se produce un maremoto. En España, llevamos un invierno de nieve, y lluvias que en las últimas semanas han provocado terribles inundaciones en algunas regiones. Andalucía ha sido especialmente castigada.
Tampoco puede el hombre controlar el aire cuando sopla furioso y desatado, cuando las ráfagas se llevan todo lo que se pone por delante, arrancando arboles, tejados y provocando destrozos importantes. El fuego es otro elemento que puedo sernos de gran utilidad pero que puede ser también sumamente peligroso y letal cuando está fuera de control.
Todos los veranos, los incendios arrasan montes y calcinan hectáreas de zonas verdes que tardarán años y años en recuperarse. No nos engañemos, por mucho que hayamos conseguido manejar un sinfín de tecnologías punteras, queda claro y patente que a la madre naturaleza no se la puede doblegar.