Cajón desastre

Foto: Salieron los más valientes a las calles, otros, desde su ventana, cogían y se la llevaban a la boca como el maná que ...

¡Nieva en Barcelona!

  • En el Mediterráneo nieva poco, por eso aquel día, un 26 de diciembre día de san Esteban de 1.962, nadie creyó lo que decían sus vecinas. “María asómate a la ventana, que está nevando”. Atónitos veían como las calles de la ciudad, en plena expansión industrial se vestía de blanco. Ni los viejos del lugar recordaban nada igual.
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Salieron los más valientes a las calles, otros, desde su ventana, cogían y se la llevaban a la boca como el maná que viene del cielo. La ciudad no estaba preparada para tanta nieve y pronto empezaron los problemas. Cortes eléctricos y muchos terrados, balcones; cornisas en peligro de ceder. La gente empezó a tirar a la calle aquella nieve blanca y pura.

Eran muchos los kilómetros de calles y casi ninguna máquina quitanieves, así que los barceloneses ayudados por los servicios de limpieza de la época, echaron sal y conseguían hacer alguna vereda para entrar a sus viviendas, se acabaron las existencias de palas y similares.

Había caído mucha y durante dos o tres días el frío hizo que aquella blanca y hermosa nieve se convirtiera en hielo y por consiguiente incomoda para andar. Muchas roturas, caídas dolorosas, junto a los muchos muñecos que los niños hacían en cualquier lugar. Los privilegiados, que tenían el equipamiento, presumen ahora, de haber ido esquiando por calles importantes de la gran ciudad. Muchas son las fotos y las anécdotas de aquella memorable nevada. Después ha habido amagos de ver a Barcelona blanca pero solo el día 8 de este marzo frío y ventoso lo ha conseguido.

Este principio de 2010 está siendo climatológicamente de los más duros en mucho tiempo. "Año de nieves, año de bienes”, ¡a ver si es cierto! Hace días que los “mentirólogos” decían que venía un temporal de frío a Cataluña pero los responsables políticos, debieron de creerlos menos, que los ciudadanos de a pie. Amaneció el día frío. Llovía, el paraguas no servía de nada dado los cambios del viento. Empezaron a caer copos, eran poco consistentes y tan mezclada con el agua que no cuajaba. Y empezó a cuajar.

Desde mi balcón puedo ver una docena de altas y viejísimas palmeras que acompañan a una estatua de mármol blanco en el que una Virgen con melena larguísima y ondulada presidie un pequeño jardín. Sé de la existencia de la estatua porque he entrado en el parque, las palmeras impiden su visión desde mi casa. De pronto le vi la cara, las palmeras cedían ante el peso de la nieve y por unas horas pude contemplar con agrado toda la figura moldeada por un antiguo artista de la Virgen de melena larga y ondulada ¡Bellísima!

Las muchas cotorritas argentinas que hay en los árboles, andaban raras.
Querían posarse como lo hacen habitualmente en el suelo pero el frío de la nieve les hacia recular, subían de nuevo a la rama y al ver aquel panorama, supongo nuevo para ellas, lo intentaban de nuevo.

El caos se organizó no sólo en la ciudad sino en la provincia. Falta de previsión y pocos medios. Dan cifras de sucedidos en las carreteras y de personas que se encontraron con un manto blanco precioso que les hizo durante unas horas pasarlo realmente mal. En cuanto pase un tiempo, volverán las anécdotas, los sucedidos de la nevada que cubrió a la ciudad condal con un manto blanco.

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