Nos prometimos que nos contaríamos toda la verdad aunque doliera, ya que mentirnos sería de cobardes, ¿te acuerdas?. Pues bien, tengo que confesarte que hasta hace poco hubiera asegurado que me gustaba todo de ti, tanto como todo tú. Pero no voy a engañarte, hay algo que tienes muy feo, y que además se ensaña conmigo cuando no estás, tu ausencia.
Es despiadada y cruel. Se aprovecha de mí en mis horas bajas y cuando creo que ya se ha ido, va dejando pistas para recordarme que sigue ahí; me hace oír una y otra vez nuestra canción en la radio, me hace leer todo lo que sabe que me hará llorar aunque yo no quiera, incluso la otra tarde, hizo que la brisa empujara las hojas secas del suelo y allí mismo, en la acera de mi calle, formaran la inicial de tu nombre. Como verás se pasa bastante, ¿no crees?.
Ahora bien, el colmo es que últimamente está seduciendo a mi insomnio. Claro, como es tan débil y se va con cualquiera que se le parezca a ti, pues ya son muchas las veces que me lo trasnocha, con lo que después me cuesta más de una copa hacerlo volver al redil. Alguna vez he intentado un acercamiento con ella, pero no logro nada más que prolongados, dolorosos y ebrios silencios. A estas alturas sé que no le caigo bien, y que por momentos hasta me odia.
No intentes quedar con ella para aclarar las cosas entre nosotras dos por que, aunque no me lo ha dicho, estoy segura de que no acudirá a la cita con tal de conseguir que no me creas. Que lo sepas, mi amor: ¡qué fea, por mala, tienes TU AUSENCIA!.