Ésa es, al menos, la conclusión que saca la revista "Vogue" que, en su edición de diciembre, dedica un amplio reportaje a la jefa de la diplomacia estadounidense. Su autor, Jonathan Van Meter y las fotos, de la prestigiosa fotógrafa Annie Leibovitz, que once años después de sorprender con una Hillary glamurosa en la Casa Blanca, vuelve a retratar a Hillary mostrando ahora su madurez.
Nadie lo puede negar: Hillary Clinton despierta sentimientos encontrados en muchas personas, pero ciertamente ha dejado una buena impresión en el periodista de Vogue, que la ha acompañado en su reciente gira por África, la ha tratado, observado y entrevistado. El reportaje deja claro que la personalidad de la secretaria de Estado tiene muchas facetas que van desde la mujer distendida hasta la fuerte y sorprendente.
Hillary Clinton puede llegar por las mañanas al Departamento de Estado con un café con leche, sin maquillar, cansada y hasta gruñona. Pero un minuto después, cambia de cara, se pone rímel, pintalabios y colorete y da tres entrevistas seguidas a televisiones sin necesidad de repetir ninguna toma. Ésa es su faceta de trabajadora, de luchadora y de mujer que no se rinde nunca. Pero la ex senadora por Nueva York también se toma tiempo para hablar de cosas livianas, de sus aficiones, de sus "amores" secretos y de sus preocupaciones, demostrando que su cargo y su "estrellato" no le impiden disfrutar de lo cotidiano.
La secretaria de Estado también deja entrever que, a pesar de que aparenta ser una mujer segura de sí misma, también tiene dudas y pasa malos ratos cuando tiene que tomar una decisión difícil, como fue aceptar o no la oferta del presidente Barack Obama para ponerse al frente de la política exterior de la primera potencia mundial. Reconoce que se quedó "atónita" cuando Obama le preguntó si quería ser su secretaria de Estado. Después de diez días llenos de dudas, Clinton finalmente aceptó la oferta.
Ahora es la 67 secretaria de Estado y la sucesora de Condoleezza Rice. Pero ambas son muy diferentes o, al menos, eso es lo que perciben los que la acompañan en sus viajes al exterior. Especialmente durante su gira por África, los periodistas creen haber conocido "el otro lado" de la actual secretaria de Estado. Algunos tenían sus reservas cuando asumió su cargo, pero ahora, según la publicación, muchos admiten que se acerca a los medios y a la gente en las calles de una manera en que "Condi nunca lo hubiera hecho".
En Ciudad del Cabo organizó una fiesta para los periodistas y bebió y conversó con ellos hasta bien entrada la noche, e incluso habló, aunque off the record, de su marido, Bill Clinton, y su desdén por ciertos líderes. "Se ríe de sí misma, está llena de respuestas agudas y comentarios sagaces", señala la revista. Pero lo que aparentemente más aprecian o más sorprende de ella es su imagen "maternal". Es una mujer que mima a los periodistas que la acompañan, se preocupa por ellos y los cuida cuando se ponen enfermos.
Hillary reconoce que el hecho de ser "una Clinton" conocida en todo el mundo y de que su marido haya sido presidente de EE.UU. son factores que la ayudan en su trabajo, y tampoco niega -aunque dice que no lo entiende a veces- que pueda ser una inspiración para muchas mujeres.
En sus conversaciones con Vogue, Hillary habla sin tapujos de su trabajo y de su vida privada, de lo divino y de lo cotidiano, e incluso reconoce sin rubor que le "encanta" el ministro británico de Asuntos Exteriores, David Miliband. Hillary Clinton recuerda en su entrevista cómo Miliband la "encandiló" en cinco segundos de conversación telefónica. Eso sí, afirma que, en parte, el encandilamiento se debió a su marcado acento británico. En el mismo tono distendido admite que, en persona le gusta todavía más porque "es tan dinámico, vital, atractivo e inteligente. Es realmente un buen hombre. Y es tan joven", bromea.
Se supone que la entrevista es más sobre su vida privada. Pero quedan fuera Chelsea y Bill. Ellos deben ser, simplemente, su "intimidad".