Trabajo

Foto: Una de las razones más habituales para pedir la excedencia es, en las mujeres, la llegada de un hijo al que desean ...

Trabajar tras la excedencia

  • Después de esta etapa de la vida, incorporarse al trabajo puede resultar deseable, pero también constituir una fuente de insatisfacción. En función de las razones por las que nos hayamos ausentado, y del tipo de trabajo que tengamos, la vuelta será mejor o peor, pero siempre es un buen momento para reflexionar sobre nuestra vida.
  • Comentarios

Una de las razones más habituales para pedir la excedencia es, en las mujeres, la llegada de un hijo al que desean dedicarse durante los primeros meses de vida. Ése es el caso de Elena, quien, tras un año de excedencia por el nacimiento de su segundo hijo, había vuelto a trabajar y estaba contenta. En su día, todo el mundo le decía que en esta época de crisis no era sensato desaparecer tanto tiempo, pero Elena conocía sus prioridades. Ahora que su hijo estaba a punto de ir a la guardería tenía ilusión por volver a su puesto, aunque temía que la hubieran cambiado de sitio en la empresa.

Disfrutar la maternidad

Cuando llegó, una compañera estaba a punto de pedir la baja por maternidad, pero esperaba a hacerlo una semana antes de salir de cuentas. Ni el mercado laboral ni la empresa favorecían la conciliación. Y mucho menos cuando se trataba de mujeres. Pero, ¿qué pasaría en el mundo si dejáramos de tener hijos? ¿Por qué se nos niega el derecho a vivir bien la maternidad y a los niños el de tener una madre menos agobiada?

Durante su excedencia, Elena había echado a veces de menos el trabajo, pero en general se encontraba muy satisfecha de haberse atrevido a solicitarla, era algo que hacía que se encontrara a gusto consigo misma. Es muy probable que si las empresas favorecieran la conciliación, sus trabajadoras desempeñaran mejor su función. En la lucha por la igualdad se ha olvidado una diferencia fundamental: el hecho de que somos nosotras las que tenemos al bebé. La sociedad escabulle lo que debe a la labor materna que se ejerce al principio de la vida con un hijo. Según el psicoanalista y pediatra D. Winnicot, esto se produce porque al hombre le cuesta asumir la dependencia con la que nace y quiere olvidarse de la indefensión en la que se encuentra en relación a la primera mujer de su vida que, por supuesto, es su madre.

Bueno para todos

Después de haber vivido una excedencia llena de demandas infantiles, volver al trabajo es bueno tanto para la madre como para el niño. Cuando se vuelve a trabajar conviene sopesar los pros y los contras de esa vuelta. Como en el caso de Elena, la reincorporación suele tener más ventajas que inconvenientes. Se desconecta de la casa y sirve para relacionarse de nuevo con otro tipo de tareas. La mujer se siente más segura de sí misma, útil e independiente. Que se enriquezca con lo que hace en su trabajo sólo aporta beneficios a los hijos, si bien cuando la excedencia es muy larga pueden sentirse inseguridades al reincorporarse.

Una madre que vuelve a trabajar tiene que enfrentarse, con frecuencia, al sentimiento de culpa ante la idea de que abandona a su bebé. Pero le convendría pensar que, dentro de unos límites razonables, está haciendo lo mejor para ella y sus hijos. Con lo de “límites razonables” nos referimos a evitar jornadas que no permitan ver al niño y a volver al trabajo cuando el niño ya ha dejado de ser un bebé. En realidad, la madre no abandona a los hijos, a no ser que esté enferma psicológicamente y le sea imposible hacerse cargo de ellos, es más bien el sistema laboral en el que vivimos el que abandona a la madre, negando lo que más le conviene a ella y al recién nacido.

Claves

Cuando se vuelve al mundo laboral después de una excedencia, hay que reajustar todas las tareas de la casa, simplifi cando y delegando quehaceres. No se puede pretender ocuparse de todo o hacer lo mismo que cuando se estaba en casa cuidando del bebé. Hay que repartir tareas entre todos y buscar la ayuda necesaria.

Si la vuelta se produce después de tener un hijo, conviene resolver el punto de quién se ocupará del niño cuando la madre y el padre no estén.

Según como haya sido de larga la excedencia y el porqué se haya producido la incorporación, ésta será más o menos costosa.

La ausencia del trabajo que veníamos haciendo promueve que pensemos en nuestra actividad de otra forma. Podemos descubrir que nos gustaba más de lo que creíamos y que lo echamos de menos o, por el contrario, que realmente no queremos volver a él.

Publicidad
Publicidad