“Esta aventura surgió después de que nacieran mis dos hijos. Recuerdo que me pasaba el día preparando biberones y, después, esterilizándolos para volver a utilizarlos. Un día pensé: ¿por qué no habrá biberones que con agitar y calentar estén listos?”. Y así nació Bibebrik.
El invento de Yolanda está a punto de salir a la luz. Ha sido un proceso muy largo y costoso, que se remonta a los primeros bocetos que dibujó en 2004. Tras realizar un primer modelo, invertir 200.000 € y ganar la medalla de Oro en el Salón Internacional de Productos Nuevos de Ginebra en 2006, su biberón está, por fin, en fase de fabricación. “Si todo marcha bien, en pocos meses estará en el mercado y costará menos de tres euros. Cuando lo vea por fin en las tiendas, no me lo voy a creer”, asegura.
A Yolanda, el hecho de ser mujer más que problemas le ha reportado beneficios: “Al ser tan pocas, la prensa se ha volcado conmigo y esto me ha favorecido para dar a conocer mi invento”. El biberón de un solo uso, ideal para salir de viaje o utilizar en guarderías y hospitales, es un proyecto familiar: “La familia se involucró desde el primer momento en el proyecto, incluso aportando dinero. Pero, mi principal apoyo es mi marido. Sin embargo, también hubo algún amigo que me dijo que estaba loca por meterme en una historia como ésta”.