La isla de Sal, a la que
acude la mayoríadel turismo internacional, y la cantante Cesária Évora
son los únicos referentes quela mayoría tenemos cuando se habla de la
antigua coloniaportuguesa. Pero Cabo Verde es mucho más. A pesar de
susituación geográfi ca (está asolo cinco horas de avión desdela
Península), los escasos vuelos regulares que lleganhasta allí han contribuido a uninvoluntario aislamiento, que ha permitido conservar susriquezas naturales.
Las islas de Boavista y Fogo son unos estupendos destinospara quienes
busquen aventura,enormes playas, submarinismoy contacto con la
naturaleza.Sus escasos turistasson jóvenes surferos, gruposde ciclistas y
amantes del trekingy el parapente. Boavista,incluso, es candidata a
Reserva de la Biosfera, dado que en sus aguas descansan las ballenas grises, jorobadas y australes durante sus viajes migratorios,
y en sus playas desérticas pone sus huevos la tortuga boba, una especie en peligro de extinción.
Fogo, por su parte, concentratodo su atractivo en el granvolcán que la
corona a más de 2.800 metros de altura. En el interior de su enorme
caldera, de ocho kilómetros de diámetro, hay tres poblaciones donde
viven poco más de un millar de personas, en un escenario fantástico e
irreal, salpicado de pequeñas construcciones circulares.