HACE ALGUNAS SEMANAS, me invitaron a dirigir La 2 Noticias de TVE y a compartir plató con su
presentadora, Mara Torres. Todos los viernes, este informativo se olvida de la palpitante actualidad
y deja que un invitado aporte su particular visión del mundo que le rodea. Como la imagen que los
medios de comunicación ofrecen de la mujer africana es casi siempre tan negativa –solo aparecen
como víctimas de conflictos, hambrunas o enfermedades–, les propuse hacer un reportaje sobre
una mujer ruandesa que rompe con todos los estereotipos. Se llama Gaudiose Tukayisabe y, desde
hace un año, estudia en nuestro país un máster en Cooperación Internacional y Desarrollo gracias
a una beca. Es joven, emprendedora, habla cuatro idiomas y tiene por delante un brillante futuro.
Lo que ha conseguido Gaudiose es toda una heroicidad y más aún teniendo en cuenta que la tasa
de analfabetismo femenino en Ruanda supera el 40% y que tan solo un 2,6% de la población llega a
cursar estudios universitarios. Su gesta, al igual que las de otras muchas mujeres africanas que son
empresarias de éxito, escritoras o políticas, nunca será noticia en un informativo.
DESCUBRÍ EL CONTINENTE africano por primera vez en 1983. En aquel año, viajé a Guinea
Ecuatorial acompañando a un grupo de médicos cooperantes. Lo mío fue un flechazo. En primer
lugar, me cautivaron sus imponentes paisajes y, acto seguido, caí rendida de admiración hacia la
fortaleza de sus mujeres que luchan por salir adelante. En el África subsahariana, donde ellas realizan
la mayor parte del trabajo agrícola –se encargan de la siembra y de la cosecha de las que depende
la vida de su familia– descubrí a unas mujeres fuertes, trabajadoras, bien organizadas y valientes.
Desde aquel primer viaje he regresado a África en repetidas ocasiones. He estado en Senegal,
Kenia, Tanzania, Uganda… En todos esos países he podido convivir con estas mujeres y admirar su
capacidad para hacer frente a todo tipo de adversidades.
NUNCA OLVIDARE a Kuma, una campesina guineana, madre de cinco hijos, que fue protagonista de
uno de mis reportajes. Cada día se levantaba antes del amanecer para preparar la comida a su familia,
ir a buscar agua y acarrear leña. Después, con su hija pequeña a la espalda y machete en mano,
caminaba tres horas hasta llegar a su parcela, donde trabajaba de sol a sol. Cargada con un cesto
lleno de yuca, mandioca y patata, que pesaba más de 60 kilos y, sin apenas haber probado bocado,
regresaba a la aldea casi al anochecer.
AUNQUE TODAVÍA hay mucho camino por recorrer, negar que las africanas se han ido librando
de las costumbres ancestrales que las oprimían, que van ganado poder y que cada vez hacen valer
más sus derechos es distorsionar la realidad. Mostrarlas sólo como víctimas de la pobreza y la
marginación no las ayuda; al contrario, las condena a seguir siendo invisibles a los ojos del mundo.
P. D.: Desde Europa se percibe a las subsaharianas como
mujeres ignorantes, oprimidas y pasivas. Nada más lejos de
la realidad. Ellas son el auténtico motor de la economía y los
pilares de la sociedad en la que viven. El futuro y la esperanza
de África están en sus manos.