Investigaciones muy serias, realizadas en respetables universidades y publicadas en muy prestigiosas revistas científicas. La primera llegó a la conclusión de que las mujeres que menos engordaron en los 10 años que duró la investigación fueron las que no tenían pareja estable ni hijos.
Les seguían en el más exitoso mantenimiento de la línea las que tenían pareja pero no hijos y quedaban en tercer lugar las que tenían pareja y niños. Añádase a lo anterior que, para no engordar, viene bien el alcohol, pues otro estudio ha demostrado que las que toman alcohol, bien regularmente o bien ocasionalmente, engordan menos que las abstemias.
Y, preferentemente, vino tinto, añado, pues un tercer estudio, también muy serio, ha demostrado que las bebedoras de vino tinto tienen una mejor vida sexual.
Todo lo anterior me parece una demostración de por qué los premios IG Nobel, los alternativos a los Nobel que premian las investigaciones más absurdas o divertidas, tienen tanta razón de ser.
Yo, que soy una fiel seguidora de tales premios, propongo la nominación de cualquiera de estos tres estudios para la próxima convocatoria. Pero más allá del divertimento, las citadas investigaciones me llevan a otra reflexión, sobre la obsesión social por la delgadez de las mujeres, la centralidad de su aspecto físico, que incluso provoca las más estúpidas investigaciones científicas.
Pues apuesto sin temor a equivocarme que los estudios sobre el peso de las mujeres superan ampliamente a los dedicados a los hombres. Por mucho que tales estudios reclamen objetivos médicos y de salud.
Al fin y al cabo, los valores predominantes influyen de forma decisiva en qué, cómo y a quién se investiga.
Dice la profesora Carme García Ribas, experta en liderazgo, que el hombre teme al fracaso y la mujer, al rechazo. Lo que es cierto, pero cabe añadirle dos matizaciones. Es la sociedad la que impone lo que es fracaso en cada momento histórico, y respecto a las mujeres, el fracaso no es tanto el profesional sino el relacionado con sus obligaciones tradicionales.
Estar joven, bella y delgada, entre otras. La obligación de agradar o de triunfar, es lo mismo en las mujeres, a través del aspecto. Le exigencia de cumplir los cánones estéticos dominantes más que la de los logros profesionales. Bombardeadas por todos lados, hasta por las investigaciones científicas, por el ideal de la delgadez, cuanto más extrema mejor. Educadas para gustar y no para lograr.
P. D.: La profesora Maureen A. Murtaugh ha añadido con extremada seriedad, sobre la relación entre tener pareja y engordar, que se debe seguramente a la más activa vida social que comporta. Y es que en los restaurantes sirven la misma cantidad a un hombre fornido que a una mujer pequeña.