Entre Nosotras

¿Qué hago con mi marido?, por Julia Navarro

  • Hace unos días, almorzaba con una amiga cuyo marido se acaba de jubilar y me contaba que estaba desesperada. Él ha pasado de ser un ejecutivo de banco que pasaba el día fuera de casa a tener todo el día por delante. Ella continúa trabajando, es más joven y empiezan a tener encontronazos impensables hace unos años. “No sé qué hacer con él –me confesaba–.

De repente, me pregunta cosas como por qué compramos una marca de leche, por qué voy al súper los viernes o por qué la asistenta solo viene lunes y jueves. También ha decidido recolocar la casa y no encuentro nada: está cambiando los libros, redistribuyendo los cuadros... En fin, que me tiene harta”. Al parecer, lo que le sucede a esta amiga es algo común, porque el otro día estaba con otro grupo de mujeres y dos plantearon la misma cuestión: qué hacer con los maridos jubilados. “Estamos discutiendo lo que no habíamos discutido en 30 años. No sabéis lo puntilloso que se ha vuelto”, confesaba una de ellas.

Creo que el problema está en que pertenecemos a una generación de mujeres que, además de tener pareja e hijos, hemos trabajado fuera de casa y hemos tenido nuestros propios intereses profesionales y personales, más allá de las relaciones de pareja. Es lo que apuntaba una de mis amigas: “Hemos visto a nuestros maridos cuando regresábamos por la noche a casa. Un día eran ellos los que llegaban antes, otros después, pero cada uno habíamos tenido nuestra jornada de trabajo e intereses que compartíamos. Las conversaciones eran intensas y no teníamos tiempo ni ganas de preguntarnos por qué comprábamos tal marca de leche. Pero, de repente, tenemos que compartir con ellos todo el tiempo y negociar el “espacio” en casa. Y salen chispas porque no estamos acostumbradas a vivir con nadie 24 horas”.

Pienso que la reflexión de mi amiga es acertada. Es más, si todas tenemos relaciones de pareja tan largas (la que menos lleva 25 años casada) es porque hemos podido disponer de espacio y tiempo, que teníamos ganas de estar con ellos porque ambos pasábamos muchas horas trabajando, porque siempre teníamos algo nuevo que contarnos. Y con la jubilación hay que empezar de nuevo. Hay que aprender a pasar juntos la mayor parte del día, a estar en casa sin hacer nada especial. Por lo que me cuentan las amigas que están en esa situación, el reto no es fácil. Ellas están inmersas en la tarea de buscarles ocupaciones a sus parejas, lo que no es fácil porque alguno se resiste. Pero, por lo que me cuentan, les animan a que hagan deporte, se hagan Amigos del Museo del Prado, colaboren con alguna ONG... En definitiva, que salgan de casa y tengan algo interesante que hacer.

P. D.: Jubilarse no es fácil y menos si se ha tenido una actividad intensa.
De repente, uno se encuentra en casa y tiene que reinventarse a sí mismo y a su pareja. Debe de ser cosa de la edad, pero últimamente he escuchado a menudo a mujeres cincuentonas como yo preguntarse qué hacer con sus maridos.

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