Entre Nosotras

La pintora del alma, por Cristina Morató

  • Siento debilidad por las historias de superación, por aquellos que han sido capaces de esquivar un fatal destino. Lita Cabellut, a la que he tenido el privilegio de conocer, es una artista gitana admirada en medio mundo, cuya vida parece sacada de una novela de Dickens.

Los ojos de esta pintora, negros y profundos, han visto lo peor del ser humano. Siendo apenas una niña conoció en carne propia el abandono, el hambre y la explotación.

Gracias a su fuerza y determinación consiguió dejar atrás su doloroso pasado y renacer convertida en una artista universal. Lita nació en el humilde barrio barcelonés de El Raval y fue una niña de la calle. Su madre era prostituta y dejó a la pequeña al cuidado de su abuela. Los primeros años de su infancia fueron los más felices, lejos del sórdido ambiente del Barrio Chino en el que trabajaba su madre.

Pero al fallecer la abuela, tuvo que regresar al hogar materno: “Tenía cinco hermanas y un hermano de pocos meses a los que no conocía, vivían en la miseria, muy abandonados”. Lita tenía nueve años y no se amedrentó. Cuidó de sus hermanos y se las ingenió para sobrevivir hasta que acabó en un orfanato. A los 13 años, esta gitanilla indómita y analfabeta fue adoptada y su vida dio un giro inesperado.

Un día visitó el museo del Prado y fue tal la impresión que le causó que decidió ser pintora. A los 17 hizo su primera exposición y se marchó a estudiar a Holanda, país en el que aún reside. Lita no reniega de su humilde pasado y se identifica con los marginados. Sus cuadros, que recuerdan por la fuerza de su trazo y sus colores violentos a las pinturas negras de Goya, son un homenaje a los olvidados de la sociedad.

Por sus lienzos desfilan enfermos mentales, vagabundos y prostitutas que retrata con un desgarro que a nadie deja indiferente. Le gusta meterse en la piel de otras artistas malditas, como la cantante francesa Edith Piaf o la pintora mexicana Frida Kalho, que sufrió en su juventud un terrible accidente que le fracturó la columna.

A su admirada Frida le acaba de rendir un homenaje en Londres, donde ha expuesto una serie de imponentes retratos con la mexicana como protagonista, que han sido aclamados por la crítica. Con ella comparte una vida tan intensa como dolorosa, tal como reconoce: “Las heridas de Frida son las mías. Ella demostró que, desde una silla de ruedas, podía cambiar el mundo. Yo también he tenido una columna rota en el alma y he encontrado la manera de aceptar el sufrimiento como un don”.

P. D.: Lita acaba de recibir en Madrid el Premio de Cultura Gitana –considerados los Nobel del arte gitano– en la modalidad de pintura y artes plásticas. Este mes sus cuadros de Camarón inauguran la primera galería de arte gitano del mundo, en Berlín. ¿Para cuándo una exposición en España?

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