Entre Nosotras

El señor de las aceitunas

Marcelino Camacho, el histórico dirigente sindicalista es 'El señor de las aceitunas'

“Murió el señor que compartía aceitunas. En el restaurante de mis padres, cuando yo era pequeña, se sentó un día en mi mesa preferida, la número ocho. De manera que, aquella primera vez, intenté echarle. Pero él me pidió que le dejara quedarse allí porque quería ver las noticias en la televisión. Llegamos a un pacto: si él pedía una ensalada que llevara muchas aceitunas y me las daba a mí, yo le dejaría sentarse allí. Desde entonces, cada vez que se detenía en el restaurante de mis padres a comer, pedía una ensalada con muchas aceitunas y la compartíamos. El señor era, lo descubrí ya de mayor, Marcelino Camacho. Me ha entristecido mucho enterarme de su muerte”.

La de Marcelino Camacho, las aceitunas y la pequeña Carlota es una más de las muchas historias que han dejado los viajeros en el motel Saúca, enclavado en el kilómetro 125 de la carretera Madrid-Barcelona. 40 años de días y noches, de viajantes solitarios que ya no van en Simca, de familias con bacas curvadas sobre los coches, de amores furtivos en un lugar de paso. Fue también parada y fonda de Félix Rodríguez de la Fuente en sus rodajes por la meseta. Pero el Saúca ya no contará más historias porque acaba de cerrar. Las hijas de los dueños estudiaron, se dedican a otra cosa y, en estos tiempos de crisis, es complicado encontrar a quien quiera, o pueda, invertir en un negocio de carretera.

Tal vez, al quedar escrita en estas páginas, la historia del señor que compartía aceitunas con Carlota tardará más tiempo en ser olvidada. Pero otros muchos relatos se borrarán de esa Historia con mayúsculas que no es la que se cuenta en los libros, sino la que tejen las personas. Yo misma atesoro entre mis recuerdos imperdibles un trabajo escolar en el que tenía que escribir sobre las vidas que habían experimentado mis abuelos. Y emergieron entonces la difícil supervivencia en el campo extremeño cuando pasaban los africanos de Francisco Franco. El miedo que hervía la sangre en la Batalla del Ebro, en plena Guerra Civil. El hermano, chófer de Lluís Companys, que tuvo que pasar años escondido en el hueco de un ascensor. Las 20 horas de trabajo diarias –y esa gallina oculta en la cocina, con el pico silenciado– para que los hijos no murieran de hambre en Barcelona.

P. D.: Mis abuelos fallecieron hace tiempo y cada vez los extraño más. Ahora empiezan a faltar los padres de mis amigos. La madre de Carmen murió hace tres meses y ella ha visto que ahora estaba al frente, es la mayor de la familia. La próxima en ser olvidada. Y eso le dio más vértigo todavía.

Publicidad
Publicidad