Es lunes y hace sol en Berlín. El escenario perfecto para una Bar Refaeli que aparece radiante con un vestido ajustado negro en un decorado de rosas. Imponente. Y al mismo tiempo, sencilla y cercana. Coge un micrófono para dar la bienvenida a la prensa congregada en la presentación de la nueva fragancia de Escada de la que ella es imagen. E invita a todos a pasar a las mesas para cenar. Durante una hora departirá con los comensales que tiene a izquierda y derecha y entre bocado y bocado escribirá en su BlackBerry. La escena se repite también en los postres: más sonrisas, más charlas, más mensajes.
A la mañana siguiente, la Bar Refaeli dulce y relajada de la noche anterior parece algo menos cómoda. Es día de entrevistas, y esa parte de su trabajo no agrada en exceso a la modelo israelí. Lo deja claro en cada uno de los encuentros mediáticos que ha tenido a lo largo de su carrera: hablar de sí misma no le entusiasma. Y por si hay algún despistado entre la veintena de periodistas de distintos países allí congregados, los responsables de prensa de la marca proclaman un aviso a navegantes: nada de preguntas sobre Leonardo DiCaprio, su exnovio, con el que mantuvo una relación 'on-off' algo tortuosa. Tampoco sobre Israel ni la política de Oriente Medio. Su vida privada, a amplios rasgos, es terreno prohibido.
De lo primero hay una causa razonable. Durante los años que duró su relación jugaron al ratón y al gato con los paparazzi (y entre sí) y parece que tras la penúltima ruptura no era el momento de dar explicaciones. En cuanto a la segunda prohibición, también tiene su razón de ser: hace cuatro años se casó con un familiar –del que se divorció poco después– para evitar el servicio militar obligatorio de su país, y el polémico episodio no fue bien visto por el gobierno israelí. De hecho, a pesar de ser una de las personas más populares de su país, el ejército no la quiere como ídolo de sus jóvenes, hasta el punto de que un alto mando exhortó a boicotear los productos que la modelo publicita en una especie de guerra blanca sin precedentes. Entonces Bar calló. Pero su madre, Tzipi Levine, no pudo: dijo públicamente que los comentarios del alto mando eran una vergüenza y recomendó a los generales "mirar en su casa y ver a quién no reclutan". Desde entonces, la relación de la modelo con su país natal parece atravesar altibajos: aunque tiene fijada allí una de sus residencias y proclama a través de las redes sociales los encantos naturales de su tierra, también se rebela a su manera contra las obligaciones patrias que considera "absurdas". La última vez, hace unos meses, cuando apareció en la portada de la revista GQ Italia posando en top less (aunque tapándose el pecho con uno de sus brazos) con un casco militar.
NACIDA ESTRELLA
Hechas las advertencias, la puerta de la habitación de las entrevistas se abre. Y por fin nos conducen hacia el sofá donde está sentada una Bar Refaeli con aspecto desenfadado. Lleva una coleta, leggins, camiseta de tirantes y bailarinas que le dan una imagen aniñada. Cuando, para romper el hielo, se le comenta que está siendo una mañana muy larga, simplemente sonríe profesionalmente esperando la primera pregunta. Tiene tablas. No en vano lleva años al otro lado de grabadoras y las cámaras. De hecho, ese escenario es el que ha conocido durante toda su vida. A los ocho meses de edad comenzó haciendo publicidad, y desde entonces no ha dejado la profesión, salvando un pequeño período en que la ortodoncia la dejó fuera del mercado. Con una trayectoria como esa no es extraño que afirme contundente que nunca se ha planteado qué trabajo elegiría de no haberse cruzado la publicidad y la moda en su vida. "Lo de ser modelo llegó de forma tan natural, cuando era un bebé, que nunca tuve que pensar en ser otra cosa", comenta.
Ahora, acaba de lanzarse a la arena del cinematográfica y ha hecho sus primeros pinitos como actriz en la película 'Session', un 'thriller' psicológico dirigido por su compatriota Haim Bouzaglo. Pero ni siquiera esta nueva tentación parece poder apartarla por un momento de su destino 'natural' de ser modelo. "Acabo de estrenar una película, pero no pienso dedicarme a ello a tiempo completo, al menos, no todavía. Quería probar, pero sin presiones, para tener una experiencia. Y la verdad es que me divertí mucho", explica.
También se divierte enormemente viajando, cosa que hace casi todas las semanas del año por obligaciones profesionales de uno u otro tipo. Cree que es una de las ventajas de su trabajo como modelo, y que gracias a continuo trasiego conoce países que le encantan, entre ellos, España. "Conozco muchos españoles por mi trabajo, amigos de amigos… Y por supuesto, conozco las tapas, los museos, ese arroz vuestro… Pa… ¿Paella?". "Paella, sangría", dice en un español más que aceptable. "Aunque lo que más me gusta de vuestro país es su arte: el Museo del Prado, Gaudí...", continúa en perfecto inglés.
SU MADRE, SU ÍDOLO
A pesar de esa afición por conocer mundo, comenta que no siempre se divierte haciendo las maletas. Sobre todo si aún no le ha dado tiempo a deshacer el equipaje del día anterior, y es que su agenda sabe poco de vacaciones largas. Por eso, cuando lo de coger aviones empieza a hacérsele cuesta arriba, pide tiempo muerto, aunque sea breve. "Hay que tener un poco de equilibrio. Me gusta viajar, pero cuando llevo mucho tiempo fuera de casa acabo cansándome y tomándome un pequeño descanso. A veces necesito estar en un mismo sitio más de una semana, y cuando eso pasa, aviso a todo el mundo y pido que no me llamen. Me propongo no trabajar hasta la extenuación", cuenta. Sabe que ha llegado ese momento cuando se despierta sin saber en qué hotel o ciudad se encuentra y tarda unos segundos en situarse. "Ahora mismo no recuerdo cuándo fue la última vez, pero seguramente no hace mucho", dice en clara alusión a que lleva tres semanas agotadoras y dejando caer que quizá, en breve, le toque tomarse no de esos pequeños 'parones'. En ellos aprovecha para relajarse y disfrutar de su familia, uno de los puntales de su existencia, según nos explica. De hecho, considera a su madre, exmodelo y verdadera artífice de la carrera de Bar Refaeli desde su más tierna infancia, uno de sus ídolos.
"No me dio consejos cuando empecé, pero sí me repetía constantemente que supiera quién era yo fuera de este negocio. Que valorara lo que tenía, pero que no me tomara demasiado en serio esta industria. Me decía: "Si la gente te dice que eres fantástica, no lo tomes al pie de la letra. Lo que cuenta es cómo eres fuera de este negocio". Y creo que eso me ha servido de mucho", explica. Ella y su padre eran quienes la acompañaban en sus viajes profesionales cuando era más joven para que no me sintiera sola. "Pero ahora de vez en cuando me acompañan a mis hermanos para que me hagan compañía. Tengo un hermano mayor que yo y dos más pequeños. Son muy protectores conmigo, quizá porque soy la única chica", dice.
Cuando se le pregunta cómo se ve dentro de 10 años, contesta de forma correcta pero algo incómoda: "Me imagino con un marido y niños. ¿Qué chica no lo haría? ¿Verdad?". Sin embargo, mientras habla acerca del perfume del que es portavoz, su conversación se vuelve más sosegada. Cuenta que se emocionó cuando recibió la llamada para ser imagen de Especially Escada, que convertirse en la carta de presentación de un perfume es algo que todas las modelos desean, que es un gran paso para ella… "Además, si es Escada quien te elige el paso es aún mayor porque es una gran marca, reconocida y respetada en todo el mundo, y representa cosas en las que creo: el colorido de la vida, la diversión, la felicidad, la elegancia… Considerando las modelos que han trabajado antes para ellos, para mí es un gran honor", contesta con una sonrisa sincera. Acabado el tiempo de entrevista, se levanta con gracilidad, se despide cordialmente y vuelve a aparecer la Bar Refaeli de la noche anterior. Imponente. Y al mismo tiempo, dulce. Relajada. Por fin.