Diez minutos escasos, poco más de una docena de modelos y una iluminación pésima, esos fueron los detonantes que me llevaron a cortar por lo sano. Sin embargo, hoy han vuelto las mariposas al estómago al ver la colección que ha presentado Javier en Cibeles a primera hora de la mañana, ante un graderío medio vacío (ellos se lo han perdido).
Los colores, las formas, el corte, las telas, el savoir faire que me encandiló en su día estaban de nuevo ahí, frente a mí, y no he podido resistirme. Larrainzar y yo hemos vuelto.
Ni siquiera el tropezón de una modelo, gajes del oficio, ha podido enturbiar un momento tan especial. A la pobre le habían dado unos zapatos varios números más grandes y, más que desfilar, se arrastraba por la pasarela. ¡Hasta se ha vuelto antes de llegar al final y se ha quitado los zapatos cuando apenas rebasaba en unos centímetros la entrada al backstage! (yo creo que pensaba que ahí ya no la veíamos). Luego, eso sí, cuando han salido todas juntas a saludar, ya le habían puesto otro modelos que se ajustaba más al tamaño de su pie...
De todas formas, después de lo que he visto hoy, yo personalmente se lo perdono todo en una temporada...