Negro, blanco, algo de color, cortes de los años 80... ¿Dónde están las prendas de la temporada? Nuestra nueva columnista Virginie Mouzat, una de las más reconocidas cronistas de la moda internacional, nos guía.
Si esta época del año es rica en contrastes y
cambios climatológicos, lo mismo sucede frente
al guardarropa de la nueva temporada. Todo es
blanco o negro. El otoño-invierno no da tregua.
Nada que ver con el enloquecedor panorama
flúor del verano que concluye, ni con la extrema
suavidad beige del pasado otoño.
El contador
Geiger de la moda señala ahora hacia el negro
(con Emporio Armani, Chanel, Givenchy), o el blanco, convertido
tal vez en metáfora de la página que esta época desearía dejar atrás
para hacer borrón y cuenta nueva (con Yves Saint Laurent, Hermès,
Max Mara, Isabel Marant). Por suerte, algunas excepciones
se filtran en el panorama otoñal y nos permiten escapar de esta
paleta binaria: a veces con un toque en tonos coral (en Céline y
Balenciaga) o con efectos gráficos contrastados en Salvatore Ferragamo,
Dries Van Noten, Diane von Furstenberg y Versace.
A contrapelo de los años 70 (por piedad, no mas zapatos con cuñas
o plataformas), el sistema solar de la moda ha rotado ahora hacia los años 80, hacia el “power dressing”
de la mujer de negocios (Ferragamo),
hacia el estilo “Culture Club” (Dolce
& Gabbana) y, por qué no, al de mujer
fatal con falda tubo en vinilo o en náilon
(Givenchy, Louis Vuitton).
Llama también la atención, la particular
evocación al estilo de Anne-Marie
Beretta, entramado con influencias
asiáticas (Hermès) o las filtradas alusiones
al artista plástico Jean Pierre
Raynaud y sus tonos primarios (Balenciaga), a menos que una
decida ir claramente a contracorriente con una colección de looks
de pre-guerra, bajo la influencia de Elsa Schiaparelli (Miu Miu).
Los nuevos pantalones (Pucci) no tienen nada de volumen: no
son amplios, así que se afinan y se afilan. ¿Y qué pasa con la falda?
Olvídate del largo midi de los 70. Se exige a partir de ahora,
que sea ceñida, tubo, con aberturas (Ferragamo, Givenchy) o imprecisa bajo la rodilla (Balenciaga, Céline,
Miu Miu). La única concesión a la década de los
70 (Gucci, Diane von Furstenberg) es la falda
pantalón. Pero, para tomar con pinzas.
Por el lado de los abrigos, llegan generosos o estrictos
(Gucci, Hermès); con cuellos ribeteados en
metal (Lavin) o amplios, depurados, realizados en
fieltro denso o laminado; mudos, por llamarlos de
algún modo, puesto que han sido privados de todo
tipo de botonadura (Céline, Balenciaga).
Este año, en este panorama
blanco y negro, de
siluetas de corte neutro,
el capricho por los sombreros
es el que el toque
de fantasía. Bibi, de fieltro,
Fedora, Borsalino,
gorras, de estilo militar,
con visera..., sirven para
puntuar, para “completar
el look”, como se decía
en los años 80.
- 3 BÁSICOS IMPRESCINDIBLES
EL PANTALÓN
Flojo, amplio y de talle
bajo sobre las caderas
el otoño pasado,
se transforma esta
temporada en ceñido,
por encima del tobillo,
más estrecho si cabe
que los pitillos. En
resumen, contradice
absolutamente a sus
predecesores. El nuevo
pantalón (Pucci) realza
los tobillos y los tacones.
Y no perdona nada a
la silueta. Realizado a
partir de la combinación
de dos materiales y
bicolor (Céline, Chloé),
representa uno de los
subconjuntos de la nueva
temporada. Pero hay que
tener mucha suerte para
llevarlo con elegancia.
LA FALDA
La protagonista de la
temporada en esta
categoría es, sin lugar
a dudas, la falda recta.
Tanto para Givenchy (de
terciopelo, raso o vinilo)
como para Ferragamo (de
lana estampada o pata de
gallo) o
Gucci (de charol
negro). Con aberturas
por delante o por detrás,
coquetea con la rodilla
y se lleva muy ceñida,
que quede claro. Los
tacones son obligatorios.
Los de aguja y con
punta –“los verdaderos
pump”, como dicen los
norteamericanos–, son la
pareja oficial de esta pieza
que pide volver a primera
línea después de aquellos
años 80.
EL ABRIGO
El abrigo es
una cosa
seria esta
temporada.
Hay que evitar
el camel, pues remite
demasiado al año pasado.
La tendencia se inclina
hacia los volúmenes y la
rigurosidad. Aún cuando
sea minimalista y sin
ningún botón (Balenciaga,
Céline), resulta preciso,
casi severo. Se lleva
oversize, sobre los
hombros (Ferragamo),
pero el de corte recto,
casi militar, con su doble
botonadura dorada
(
Gucci), es la imagen de
la temporada: protección
contra el frío y elegancia
sin remilgos.