Pareja

La mentira que habita en los celos

  • Cuando se vuelven patológicos, asfixiando la vida de pareja, reflejan que el celoso sufre conflictos inconscientes que alimentan sus fantasías de traición.

Los celos, si se dan cuando tememos perder a alguien a quien amamos, están relacionados con la verdad del amor. Pero cuando se sostienen sobre fantasías repetidas de que el otro es infiel, nos encontramos ante una mentira característica de la neurosis porque los afectos que inconscientemente mueven los pensamientos que hacen sufrir al celoso no tienen que ver con el amor.

El celoso se engaña cuando piensa que sus celos guardan relación con cuánto y cómo quiere al otro. Esta es la argumentación que él se da, la que su conciencia puede aceptar. Pero los celos patológicos encierran una complejidad de sentimientos que puede convertir la vida en un infierno. ¿Qué se esconde tras ellos? ¿Rivalidad? ¿Deseos de estar con el oponente o de ser como la pareja? ¿De hacer uno mismo lo que le atribuye a su pareja?

Lejos de amarla, el celoso rivaliza con su pareja y pone sobre ella anhelos propios que considera inaceptables. Los celos delirantes nacen de tendencias infieles, pero en este caso los objetos de la fantasía son de carácter homosexual. En el caso del hombre, la fórmula para defenderse de ese impulso es pensar: "No soy yo quien ama a ese hombre, es ella".

El amor implica cuidar del otro, de su bienestar, de sus realizaciones, respetar su individualidad. El celoso no respeta al otro, porque ha pasado a formar parte de las fantasías y deseos que mueven su psiquismo. No ve a su pareja como es, sino como él necesita para tapar una parte de sus pulsiones inconscientes de las que no puede hacerse cargo.

DEPENDENCIA Y ATENCIÓN

Miguel está inquieto porque su mujer, Sofía, sale a cenar con unos compañeros de trabajo. Quiere preguntarle si a la cena asistirá un hombre con el que piensa que ella tiene un lío amoroso. Miguel es muy celoso y últimamente han tenido muchas discusiones por este tema. Ella le recrimina que siempre esté pensando en lo mismo, que ve fantasmas donde no los hay y que está cansada de que la controle. Él la acusa de embustera y de coquetear con todos. Hace varios días, él revisó los mensajes del móvil de ella y encontró uno que le pareció demasiado cariñoso del compañero con el que imagina a su mujer. Ahora se atormenta a todas horas y ella se siente ofendida. ¿Por qué han establecido una relación en la que el fantasma de los celos está siempre presente? ¿De quién duda Miguel, de su pareja o de él mismo?

Sofía tiene unos padres a los que considera una pareja estupenda. Siempre los ha visto enamorados y felices. Sin embargo, ha sufrido por esa relación. Según ella, su padre solo tuvo ojos para su madre y, por este motivo, ella sintió un cierto abandono paterno. Miguel, por su parte, es hijo único. Muy sobreprotegido por su madre, nunca consiguió independizarse de ella. Su progenitor le rechazaba y le dejó prendido de ella. El niño hubiera necesitado un padre que le quisiera lo suficiente para intervenir en su vida con deseo de educarle y de separarle de la influencia materna, alguien con quien poder identificarse como hombre. Ahora, por no haber sentido celos en su infancia, los siente de adulto. En la relación que mantienen Sofía y Miguel, las piezas de sus historias de infancia encajan perfectamente como las de un rompecabezas. Sofía, que en su infancia sufrió por el abandono paterno y sintió celos de su madre, convive ahora con un hombre celoso, compensando así la antigua desatención paterna. Miguel se inventa rivales que alejan imaginariamente de sí a la mujer que ama en un intento por transformar la antigua relación de dependencia materna. Miguel intenta reparar su frágil identidad; Sofía, sentirse imprescindible.

CONFLICTO NO RESUELTO

El celoso atormenta a su compañera con reproches, acusándola de dirigir su deseo hacia otros. Esto se debe a que tiene un bajo concepto de sí mismo y a que no se cree que merezca el amor de su pareja. Los celos pueden ser un interrogante sobre la propia identidad sexual o el propio deseo. Si son de tipo patológico, delatan que existe un problema en ambos miembros de la pareja, no solo en el celoso. Aunque uno de los componentes puede sentirse molesto u ofendido por ellos, en el sistema inconsciente existe una cierta gratificación derivada de que alguien esté tan preocupado por ese amor y sienta tanto miedo a perderlo.

Los celos siempre producen sufrimiento
, pero también señalan el intento de resolver un enigma interno. El origen de este sentimiento se encuentra en nuestros primeros años de vida. En esos momentos se tiene que aceptar la aparición de un tercero, el padre, y observar una relación de la que se está excluido y, por tanto, celoso. En un principio, el amor es exclusivo y posesivo porque la necesidad que se tiene del otro es absoluta. Siempre hay otro que nos destierra de ese lugar de privilegio que creíamos ocupar. Todos sufrimos ese destierro. Todos fuimos celosos.

Si la travesía por esa situación triangular fue la adecuada, los celos solo serán un recuerdo de antiguos lazos afectivos que pudieron ser resueltos de la forma correcta. Esto hará que este sentimiento no tenga una especial importancia en nuestra vida afectiva futura. Pero si algo importante falló en la estructura familiar que se interiorizó en el psiquismo, los celos se convertirán en un tormento para el adulto y los fantasmas lo aprisionarán provocándole continuos sufrimientos.

¿QUÉ NOS PASA?

  • El conflicto con su identidad y el miedo a fundirse con el otro hace meter al celoso a un tercero en la relación.
  • Los celos patológicos que puede vivir una pareja son de dos tipos: proyectados o delirantes.
  • Los proyectados utilizan el mecanismo psicológico de la proyección que pone en otro lo que el uno no quiere reconocer en sí mismo. Por ello, el celoso proyecta en su pareja su deseo reprimido de ser infiel porque no lo acepta en sí mismo.
  • En los celos delirantes, el fantasma del engaño por parte del otro es casi permanente y puede ser que quien los sufre acabe creando situaciones que luego lamenta, a la búsqueda de esos datos que necesita para alimentar la fantasía que se ha apoderado de él.
¿QUÉ PODEMOS HACER?

La reflexión sobre lo que le ocurre a cada miembro de la pareja es importante.
  • Quien sufre los celos de otro tiene que preguntarse por qué está con una persona que la agobia. Es posible que esté compensando alguna carencia que ahora se oculta con el control excesivo. Tiene que aceptar que el celoso está enfermo y ponerle límites y condiciones para seguir con él: que acuda a un tratamiento, por ejemplo. Una entrevista de pareja, en un principio, puede ayudar a los dos.
  • El celoso debe aceptar que está enfermo y preguntarse por qué supone que no puede ser querido y deseado como él imagina que su pareja desea a otra persona. Es difícil que llegue a esta pregunta si no le ayuda alguien. Los conflictos inconscientes que promueven el síntoma de los celos patológicos se hallan en la base de la identidad sexual.

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