La mente suele estar enredada
en una charla
consigo misma sobre
acontecimientos que fueron o
que serán. Pero la vida transcurre
aquí y ahora. Si te sientes
ansiosa es porque centras tu
atención en el futuro, y si sufres
melancolía, estás analizando el
pasado. En el aquí y ahora, sin
embargo, sientes paz. ¿Cómo
potenciar esa sensación?
Obsérvate. La mente se deja
llevar por patrones
de pensamiento y creencias
muy arraigados. La próxima
vez que te metas en una
de esas “espirales”, procura observarte a
ti misma desde fuera, como si estuvieras
viendo una película. Si no te identificas
con tu propia cháchara mental, te conviertes
en testigo de tus pensamientos. Y,
aunque dure solo unos segundos, te darás
cuenta de que no tienes por qué dejarte
arrastrar más por ellos.
Ya lo pensarás. Si tu atención suele estar
puesta en el futuro,
proponte no alimentar los pensamientos
catastrofistas (¿cómo puedes saber lo que
va a ocurrir?). Apunta las cosas por hacer
en lugar de dar vueltas en la cama pensando
en ellas, planifica para tener más
tiempo libre cuando la agenda te ahogue...
En definitiva, aprende a sacar de tu cabeza
aquello que te produce estrés y te acaba
sacando del aquí y ahora.
Sin mirar atrás. El pasado puede
convertirse
en un agujero negro por el que se escapa
tu energía. Aprende a distinguir si pensar
en algo que ya sucedió te hace bien o
no. Por ejemplo, si sientes que hay algún
asunto no resuelto que te ata al pasado
podría ayudarte acudir a una terapia. Ten
presente que cultivar la nostalgia o perder
tu tiempo en lamentaciones son excusas
para no seguir avanzando.
No a la rutina. Es la enemiga
del presente. Nos
adormece y nos pone en “modo automático”.
Busca la forma de introducir cambios,
aunque sea en cosas tan pequeñas como
cambiar los muebles de sitio,
probar recetas nuevas o dejar
de ir de vacaciones siempre al
mismo sitio. La incertidumbre
es el combustible que agudiza
los sentidos y permite que la
mente esté más presente, despierta
y activa.
Relax. La clave para
vivir en el ahora
está en no engancharse de los pensamientos,
que siempre están en otro sitio. Para
lograrlo, recurre a una actividad que te
relaje. Intenta ser como los niños y vive
a tope cada instante. También te ayudará
prestar atención a tu cuerpo, vuelve a
conectarte con él, a sentirlo. Piensa, ¿estás
tensa o relajada? ¿Te duele algo? ¿Por
qué? Por ejemplo, si te arde el estómago,
reflexiona sobre si estás pensando en algo
que te hace sentir nerviosa.