El cuerpo elimina de forma natural las que circulan por su interior pero, si sobrepasan un nivel razonable, nos envía mensajes de alarma. Dolor de espalda, problemas digestivos o cansancio crónico son síntomas tan comunes hoy en día que se consideran normales. Pero no lo son: el estado natural del cuerpo es de salud y vitalidad, ésa que sentimos cuando estamos relajados.
Despréndete de lo que te sobra
• Examina tu vida. No sólo la comida basura es perjudicial. También un alto nivel de estrés inunda el cuerpo de toxinas. Acostúmbrate a contrarrestarlo. Por ejemplo: regálate “ayunos” de Internet, televisión y móvil y dedica ese tiempo a estar tranquila y en silencio. Observa tu propia vida y tus rutinas, evalúa las situaciones en las que estás involucrada (trabajo, relaciones...) y pregúntate si te hacen sentir bien. Si te sobrecargan, introduce pequeños cambios.
• Toma distancia. Cuando sientes que tu vida está saturada de obligaciones y problemas, y no sabes cómo salir de tus propias “espirales” de malestar, no te desesperes. Acepta tu negatividad sin luchar, pero sin identificarte con ella: sólo son pensamientos motivados por tus actuales circunstancias y su naturaleza es fugaz. Cuídate, busca estímulos que te animen, habla con gente positiva, haz planes… y en tus pensamientos irán apareciendo focos de claridad y optimismo.
• Rodéate de armonía. Si poner orden en tu vida te parece un propósito demasiado grande, puedes empezar por seguir algunos sencillos consejos del feng shui. Rodéate sólo de objetos que te hagan sentir a gusto y piensa que esa sensación de alivio se trasladará a otros aspectos de tu vida.
• Lee las etiquetas y limpia sin venenos. Muchos productos del supermercado están repletos de grasas hidrogenadas, azúcares o sal. y aditivos (colorantes, espesantes, aromas…). En pequeñas dosis no son dañinos, pero a largo plazo pueden acumularse en nuestro organismo. Lee las etiquetas y elige los productos que contengan menos ingredientes artificiales y aditivos. Asimismo, desecha los productos de limpieza con petróleo, cloro, amoniaco o fosfato, que pueden causar alergia, fatiga o dolor de cabeza, y busca en la etiqueta la palabra biodegradable.