Pareja

Foto: El perder parte de nuestra venerada independencia provoca pánico en muchas parejas que, una vez se deciden dar el paso ...

Nos queremos mucho pero... cada uno en su casa

  • … Y el amor en la de los dos. Eso debe ser lo que piensan cada vez más los singles españoles pues, según un estudio patrocinado por Partship, la agencia on line líder en el sector, cada vez se apuesta más por un modelo de relación LAT (Living apart Together) o, lo que es lo mismo, mantener una relación estable con todos los compromisos que ello conlleva pero cada uno independizado, evitando la tan temida convivencia.
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El perder parte de nuestra venerada independencia provoca pánico en muchas parejas que, una vez se deciden dar el paso de compartir “hasta que la muerte los separe” sofá, cocina, tareas, facturas, alcoba y mando a distancia, ven como su relación cae en la rutina o, lo que es peor, en la pelea continua por la “invasión” de sus parcelas personales por parte del otro.

Según, Josh Haskey, experto en procesos demográficos de la Universidad de Oxford, es beneficioso que las parejas consolidadas vivan un tiempo de manera independiente antes de dar el paso de compartir hogar, es como un paso previo a la cohabitación. El riesgo viene cuando no se establecen criterios bien fijados sobre cuánto tiempo pasar juntos y dónde”.

Según el estudio de Partship, del conjunto de países europeos, en España es donde la LAT recoge más adeptos con diferencia, ya que un 18% de los preguntados busca una relación en la que ambos puedan mantener su propia vivienda, sin los “roces” que la convivencia pueda ocasionar. Los italianos (16%), también apostarían por este tipo de relación, mientras que los alemanes y los suizos son los que más reticentes se muestran (5% y 8% respectivamente) a esta forma de relación más “abierta”.

Entre este porcentaje de españoles defensores de esta cada vez más extendida forma de vida en pareja, ellos son los que se muestran más proclives a practicarlo (20%). Sin embargo, la mayoría coincide en que aceptarían compartir techo y rutina con su pareja si ésta lo desease.

No obstante, a pesar del aumento de seguidores de esta tendencia social, la mayoría de españoles apuesta por una relación tradicional y convencional. Un 26% de los singles de nuestro país afirma que una relación estable de este tipo resulta muy difícil de imaginar ya que ven la convivencia indispensable para el avance de una relación seria. Para nuestros vecinos europeos, la opción más adecuada es también la convivencia, pero asegurándose siempre un espacio propio dentro de la vivienda (33% de alemanes, 26% de austriacos, 30% de suizos y 15% de holandeses frente a 9 y 11% de italianos y españoles respectivamente).

Juntos, pero no revueltos

A pesar de que para muchos estas siglas no tuvieran un significado conocido hasta hace unos instantes, lo cierto es que son numerosos los testimonios que se pueden encontrar en la red de personas que practican esta nueva modalidad de relación.

Francisco, de 46 años, asegura en un foro de Internet que “llevo cuatro años con mi pareja y nosotros lo decidimos así porque veíamos que queríamos compartir mucho, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a perder cierta independencia”.

Alicia, de 43, lleva varios años junto a su pareja… pero no revueltos. “Es cierto que al principio me sentía rara, no por mí, sino porque mis amigas no lo entendían, me decían que él no quería comprometerse, que en realidad no nos queríamos, que les parecía todo muy frío. Y nada más alejado de la realidad. Todavía seguimos durmiendo juntos muchas noches a la semana, pero no porque sea la única opción, sino porque nos apetece. Y en cuanto a esa supuesta frialdad… me río de eso. En ese terreno hemos seguido yendo a más cada día, sin agotar nunca la chispa ni la ilusión del primer día”.

Y es que, al perder la obligatoriedad de conciliar hasta lo más ínfimo, aseguran que “es más fácil preservar esa cortesía de enamorados sin la erosión de los días repetidos”. Porque ¿quién no ha renunciado a hacer algo que le apetecía, sólo por quedar bien con la otra parte? Aunque al principio pueda resultar de lo más romántico, “cuando se vuelve costumbre, asegura el profesor Haskey, estamos esperando, cuando no exigiendo, que hagan lo mismo por nosotros. Cuando esto ocurre, la relación se vuelve un balance, una báscula en la que pesar actitudes propias y ajenas. Y, entonces, aparece la crisis… sentimental.

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