Sentimientos

“Huelga de sexo” contra la guerra

  • Cuando las mujeres se hacen cargo de sus deseos, cuestionando un orden establecido injusto, la sociedad sale ganando

Las mujeres de Filipinas han expresado lo que desean. Les han dicho a los hombres que no quieren más guerra. Sabiendo que tienen un lugar importante en el deseo de ellos como “objeto” sexual, han decidido presionar ahí donde nunca decían no. Como resultado han ganado la más difícil de las batallas, la de acabar con una revuelta separatista que castigaba su isla desde 1970; un conflicto que obligaba a las familias a huir para protegerse. La idea surgió en una de las cooperativas de costureras, donde las mujeres pensaron que una medida para reconstruir su pueblo y traer la paz podría ser una “huelga sexual”. Ellas cosían y a la vez tejían un plan para conseguir una vida mejor. Estaban hartas de no poder entregar su trabajo, ya que la carretera de su aldea estaba cortada por culpa de la violencia. Con esta huelga se negaron a aceptar la guerra que hacen los hombres y se rebelaron para no mantener un papel de sometimiento donde su palabra y sus deseos no fueran escuchados. Han dejado de ser el objeto del hombre para convertirse en sujetos de lo que ellas deciden. Aninon E. Kamanza, una de las costureras, cuenta el planteamiento: “Dije a mi marido que si no estaba de acuerdo no recibiría nada de mí”. A las dos semanas, la carretera volvió a abrirse, los combates cesaron y las mujeres pudieron ofrecer su mercancía y comenzar a reactivar la economía.
La idea es muy antigua. Lisístrata, un personaje de Aristófanes, utilizó el mismo método para presionar a los hombres y acabar con la guerra entre Esparta y Atenas. Y ya en la actualidad, en Europa, de una trasmisión familiar y cultural. Podíamos creer que en Europa la mujer disfruta de un lugar donde ha dejado de ser objeto y ocupa otro diferente. Y es posible que culturalmente sea así, pero ello no quiere decir que no se den casos en que la mujer utilice el sexo para conseguir que el hombre haga algo. En una cadena de televisión, aparecía a finales de septiembre el caso de una mujer que hacía huelga de sexo porque quería que su marido le dijera a su suegra que se tenía que ir de casa. El hombre fue al programa para que un juez le dijera que debía cumplir con sus obligaciones conyugales. En esta idea se filtra el machismo que supone que la mujer está para satisfacer al marido. Pero el juez les dejó claro que ir contra su voluntad es violentar su deseo y no es legítimo. La sexualidad no tiene nada que ver con la obligación, sino con el deseo. El hombre la senadora socialdemócrata belga Marleen Temmerman propuso esta medida para salir del estancamiento en que se encontraba su país, que llevaba más de ocho meses sin Gobierno. Y la liberiana Leymah Gbowee, reciente premio Nobel de la Paz, puso en marcha el movimiento Mujeres por la Paz en Liberia, que con una acción similar consiguió poner fin a la guerra civil en 2003.

RETAZOS MACHISTAS. Este tipo de huelgas se han dado y han tenido éxito en la última década en países de todo el mundo, donde el machismo imperante hace colocarse a la mujer donde el hombre la quiere. Ella se somete al deseo masculino y la virilidad está fundamentada en el “uso” de “su mujer” que se tambalea si esta dice no. La identidad femenina, y por tanto la sexualidad de la mujer, se organiza a través de una trasmisión familiar y cultural. Podíamos creer que en Europa la mujer disfruta de un lugar donde ha dejado de ser objeto y ocupa otro diferente. Y es posible que culturalmente sea así, pero ello no quiere decir que no se den casos en que la mujer utilice el sexo para conseguir que el hombre haga algo. En una cadena de televisión, aparecía a finales de septiembre el caso de una mujer que hacía huelga de sexo porque quería que su marido le dijera a su suegra que se tenía que ir de casa. El hombre fue al programa para que un juez le dijera que debía cumplir con sus obligaciones conyugales. En esta idea se filtra el
machismo que supone que la mujer está para satisfacer al marido. Pero el juez les dejó claro que ir contra su voluntad es violentar su deseo y no es legítimo.
La sexualidad no tiene nada que ver con la obligación, sino con el deseo. El hombre disocia más el sexo del amor, mientras que la mujer lo une y no es fácil para ella acostarse con alguien que le ha decepcionado o que está actuando de una manera que a ella no le resulta aceptable. Puede ceder a lo que se espera de ella, pero carecerá del deseo de estar con él y de esa manera arruinará su goce sexual. El encuentro erótico entre ambos es algo más que una mera descarga biológica, está atravesado por deseos y fantasías que recogen la historia emocional de cada uno de ellos y contagiado por todos los valores de la época y la cultura en la que se vive. Una conquista de la mujer en el siglo XX ha sido vivir su sexualidad como algo gratificante y sentir que era dueña de su cuerpo. Para ello quizá hay que seguir construyendo una nueva identidad femenina.

Publicidad
Publicidad
Publicidad