Anders Behring Breivik asombró
al mundo con un acto de
barbarie. Nacido en Oslo,
hijo de un diplomático de la
embajada Noruega y de una
enfermera, asesinó el pasado mes de julio
a 77 personas en un acto que llevaba planeando
cerca de un año. ¿Qué convierte en
asesina a una persona aparentemente normal?
¿Hay una estructura psíquica interna
que predispone a ello? ¿Qué provoca que
un chico dispare a cientos de jovenes al
grito de “teneis que morir todos”?
Si hay algo que produzca inquietud y perplejidad
es que una persona se convierta
en un monstruo insensible al sufrimiento
ajeno y mate sin piedad. Esto muestra también
la complejidad del psiquismo humano
y el poder de destrucción de algunas mentes
con estructuras psicopáticas.
Jens Breivik, padre de Anders, se separó de
la madre al poco de nacer su hijo, y vive en
Francia y no habla con él desde que tenía
16 años. Cuando conoció la noticia, expresó
infanque
su hijo debería haberse suicidado antes
de cometer la masacre. Pero la estructura
psíquica de Anders no le condujo al suicidio,
sino que dirigió su sadismo al exterior
sin sentimiento de culpa. Según el psicoanalista
Abrahamsem, el deseo de muerte
está dirigido contra el propio ego de la
persona, pero el homicida, temeroso de
matarse a sí mismo, asesina a otra persona
en su lugar. Los impulsos homicidas y suicidas
estan entrelazados. También afirma
que la persona que recurre a la violencia
lo hace con el fin de obtener un poder que
acrecienta su propia estima, en relación a
su identidad sexual. El deseo de notoriedad
es extremo. Con este
acto, Anders conseguió
que lo vieran su padre y
el mundo entero.
NOTORIEDAD. Un antiguo
compañero de clase
declaró que el homicida
era un estudiante inteligente
que a menudo se
hizo cargo de los compañeros
que sufrían maltrato
escolar. Si en algún momento quería defender
a los maltratados, quizá se identificaba
con ellos. Después, un desastre mental le
condujo a querer eliminar a los que, según
él, eran inferiores e invadían Europa. Unas
ideas paranoicas que están en la base del
racismo y ocultan en estas personas el
miedo a sus propias debilidades, que viven
como insoportables. Por eso las proyectan
sobre el otro y les rechazan.
Los asesinos son discapacitados morales,
individuos incapaces de ponerse en el lugar
del otro, al que no ven como una persona,
y no pueden empatizar con él. Su psiquis-
mo no ha podido integrar un sistema moral
que les permita discernir entre lo bueno
y lo malo; no han adquirido la capacidad
de controlar sus impulsos, sobre todo, el
impulso de dominar. Al matar a sus víctimas,
ponen fuera la ignominia que sienten
en su interior y se hacen la ilusión de ser
todopoderosos. Para ello necesitan tener
enemigos en los que depositar su odio.
En la vista previa, a puerta cerrada, Anders
quería que estuvieran los periodistas y
medios de comunicación. También pretendía
ir de uniforme, lo que no le fue permitido.
Esta petición respondía a su deseo de
notoriedad y a su convencimiento delirante
de que su causa era justa.
“Fue terrible, pero necesario”,
explicó refiriéndose
a su crimen. ¿Necesario
para quién? Solo para él,
para descargar toda su ira
contra esos jovenes que
representaban, desde su
punto de vista, el mal.
Identificado con un salvador
de la patria, el homicida
se siente complacido
cuando el otro está en sus manos hasta el
punto de poder eliminarlo.
Determinadas relaciones patológicas en el
seno familiar alientan fantasías de venganza
que responden a representaciones internas
de la persona en relación a sus padres.
El asesino no siente compasión porque no
ve a su víctima como un ser humano, con
capacidad para el sufrimiento y el gozo,
sino como una cosa. Por eso no tiene límites
ni ley moral que le impidan cometer un
acto de barbarie. No ha llegado a constituir
un psiquismo humano adulto, sino que se
ha quedado en una organización infan
til, exigente y dogmática, donde no se ha
aprendido el respeto al otro. Los asesinos
necesitan matar para huir de algo insoportable
que no están dispuestos a aceptar en
sí mismos. Su discapacidad psíquica proviene
de que han sido incapaces de llegar
a tener un pensamiento autónomo que les
haga libres y responsables de sus actos.
REGLAS BÁSICAS. Solo se pueden traspasar
determinadas barreras de crueldad
cuando se carece de los diques psíquicos
que implican una organización moral que
respeta la integridad del otro. Esta organización
moral la transmiten primero los
padres y, más tarde, la cultura.
Para ser capaz de realizar actos como la
tragedia de la isla de Utoya, el psiquismo
del homicida tiene que tener una estructura
perversa en la que la sexualidad está
dominada fundamentalmente por un componente
sádico. Es evidente que este individuo
no tiene unas reglas que pusieran
tope a sus impulsos y que la satisfacción
de estos se encontraba por encima de cualquier
consideración ética. No ha asumido
reglas morales que provienen de generaciones
anteriores.
Estos psicópatas tienen graves dificultades
con su mundo emocional porque no interiorizaron
unas normas éticas indispensables
capaces de limitar unos impulsos
desenfrenados. Estas reglas se aprenden
durante la infancia y se adquieren en el
entorno familiar y social.