Sagrario, víctima durante años y hoy presidenta de la Asociación
Pro Derechos de las Mujeres Maltratadas (Aprodemm), explicaba
a Rodríguez de Armenta qué está fallando: “La gente mete la
pata con comentarios como “yo no me dejaría maltratar”. Dan
por sentado que nos encanta que nos maltraten, que somos
masoquistas. Resulta que nadie caería en las garras de un maltratador
y te hacen sentir estúpida. Creo que a la sociedad no le
importamos, a no ser que les toque en su casa… Entonces ponen
el grito en el cielo y buscan una asociación a la que acudir”.