Cómo afecta a la familia que un
padre, considerado un gran
hombre por su poder y su posición
social, se descubra como
un estafador y acabe en la
cárcel? ¿Hasta dónde quedarán afectados,
dañados o destruidos los miembros de su
familia? ¿Hasta dónde es culpable la mujer
de lo que hace su esposo?
Bernard Madoff estaba casado con Ruth,
con la que tuvo dos hijos, Mark y Andrew.
Sus hijos trabajaban con él, su mujer estuvo
muchos años colaborando en sus negocios.
Muchos dudan de que no conocieran sus
métodos. Pero, ¿acaso un padre le dice todo
a sus hijos o una mujer
sabe todo lo que hace
su marido? Muchos
hombres engañan a
sus parejas, aunque
también hay que tener
en cuenta que ellas se
dejan engañar. Ruth soportó la vergüenza
no solo de la estafa, sino también de la lista
de infidelidades que él había cometido y
que durante el escándalo se hicieron públicas.
Ella, sin embargo,
apoyó a su marido y
mantuvo su relación,
pero retiró la palabra a
sus hijos cuando intentaron
desmarcarse de
los delitos paternos.
Entonces, ¿por qué ahora Ruth rompe la
relación con su marido y se decide hablar?
Quizá para entender lo que le ha ocurrido
y para defenderse, ya que ha sido una mujer
atacada. Como ella dice, “para poder caminar
por la calle y levantar un poco la cabeza”.
Quizá también para poner palabras a lo que
ha vivido, esta vez separada de lo que había
compartido con él.
SIN CRITERIO. Ruth Alpern conoció a
Bernie Madoff en Secundaria, con 15 años.
Todos sus amigos recuerdan la devoción que
ella le profesaba. Se casaron dos
años después, en 1959, y él pasó a
gestionar los negocios de su familia.
Cabe suponer que el enamoramiento
inicial, más sus 50 años
de vida en común, dejaron a Ruth
sin un criterio propio a la hora de
reconocer que su marido había
actuado mal. Y, sobre todo, para
poder entender la difícil postura
en la que sus hijos se quedaban
frente al mundo.
Ruth optó por ser mujer antes
que madre, pero una mujer-niña,
ciega a lo que ocurría, como señala
ahora en sus declaraciones. En
las entrevistas que realiza por
primera vez, relata que Bernie
y ella intentaron suicidarse sin
éxito con pastillas y alcohol.
¿Por qué intentaron suicidarse
los dos juntos? ¿Ella es responsable
en igual medida que él de
todo lo sucedido? ¿La vergüenza
por lo ocurrido era insoportable
y tenían que pagar la culpa por
igual? El intento se quedó en eso, pero esa
pulsión de muerte ante la dificultad para
enfrentarse al juicio de todos la heredó
Mark, su hijo mayor, que sí supo cómo suicidarse
y se ahorcó.
Algunos creen que, a través de estas nuevas
confesiones, Ruth quiere hacerse la
víctima, y quizá haya algo de cierto en ello.
Desde luego, fue víctima de sí misma y de
las maniobras financieras de su marido.
Es posible que, más allá de lo que supiera
conscientemente, prefiriera estar ciega a los
tejemanejes de su esposo, gracias a los que
llevaba una vida de multimillonaria. Ruth
no pudo comprender a sus hijos y dejó de
hablarles cuando un día, tras ser encarcelado
su padre, les pidió una firma para sacarle
de la cárcel y ellos se negaron. Los hijos, que
le habían denunciado, optaron por ponerse
del lado de la ley cuando Madoff se lo confesó
todo entre lágrimas. El padre ni siquiera
tuvo el gesto de entregarse a la justicia y dejó
que sus hijos lo hicieran por él, sin pensar
en la culpa que recaería sobre ellos.
El día antes de la detención, Ruth se fue
con su marido a una fiesta. A la mañana
siguiente, el FBI detuvo a Bernard por estafa.
Mientras salía por la puerta dijo: “Han
sido los chicos los que me han denunciado”.
Cuesta creer que un padre que ha hecho eso
culpabilice a sus hijos de haber hablado de
lo inevitable. ¿Por qué lo hizo? ¿Para aliarse
con la madre o para avisarla de que ellos no
eran responsables de lo sucedido? Y si es así,
¿cómo es que ella no puede protegerlos?
VOMITAR EL DOLOR. Andrew volvió a
hablar con su madre el día del suicidio de
su hermano Mark, el 11 de diciembre de
2010. Ese suicidio era una inmolación al
padre, a través de este acto, Mark se vengaba
de él y señalaba el mensaje de muerte
que un progenitor con estas características
transmite a su descendencia. Se trata de un
modelo mortífero que cala en la subjetividad
del hijo. El padre transgresor pone muy
difícil acceder a la ley vital que necesita su
descendencia para sentirse
orgullosa de sí misma.
Estos hermanos han sido
estafados por un padre que
no ha sabido respetar una
ética emocional que no
permita la mentira ni el uso
de los hijos. Andrew dijo:
“Cuando mi padre confesó,
tuve ganas de vomitar”.
Ahora vomita en un libro el
dolor que los actos paternos le produjo. Su
hermano Mark no pudo poner palabras a lo
que sentía y transmitió, sin poder evitarlo,
una losa terrible a su hijo pequeño.
A las mentiras del padre se unió el silencio
de una madre que no pudo ver el peso intolerable
que llevó a la muerte a su hijo mayor.
Sin embargo, este acto le hizo cambiar de
posición, dejó de estar del lado de su marido
y cortó la comunicación con él. Comenzó a
hablar por sí misma.