Existen varios métodos para que nuestro cerebro pueda ejercitarse, cada uno de ellos con sus propios beneficios. Así, por ejemplo, la estimulación numérica potencia la capacidad numérica y el cálculo; la lógica beneficia el razonamiento; los sudokus permiten mejorar la capacidad de resolución...
Es preciso que exista una estimulación desde la formación del cerebro en el seno materno hasta la ancianidad, atendiendo a las necesidades de cada etapa de la vida. Sin embargo, cada edad tiene unas necesidades particulares:
En los bebés hay que trabajar para equilibrar la inteligencia.
En los niños, la estimulación debe dirigirse al aprendizaje y así evitar el fracaso escolar.
En el caso de los adolescentes, hay que trabajar para que los cambios que implican su desarrollo (físico y hormonal), no produzcan alteraciones en su acceso al conocimiento.
En los adultos, se trabaja para que aprendan a enfrentarse al estrés y así conseguir un cerebro sano que en la vejez conserve todas sus facultades.
En la tercera edad, se trabaja para mantener una adecuada forma física y mental que retrase los procesos del envejecimiento.