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Alergias todo el año

  • "¿Por qué no paro de estornudar si todavía no es primavera?". Si alguna vez te has hecho esta pregunta debes saber que tu enemigo no es el polen primaveral, sino la rinitis perenne.

No falla, llega la primavera y la información sobre la alergia salta a la palestra, pero en cuanto llega el frío nos olvidamos de ella. Pero, ¿esta composición de lugar se corresponde con la realidad? Según los especialistas, no. Cuando nos quejamos de nuestros estornudos primaverales estamos hablando de una rinitis estacional o fiebre del heno, causada por la sensibilidad al polen que tortura a los alérgicos con su presencia a finales de la primavera y principios de verano. Pero cuando esos síntomas se alargan pasadas esas fechas, entonces obedecen a otro problema: la rinitis alérgica perenne.

Sus molestias son similares a los de la alergia estacional (estornudos en serie, moco líquido, congestión nasal, enrojecimiento de la piel, picor...), pero varían en su intensidad y, lo peor, pueden aparecer durante todo el año. La rinitis es la enfermedad alérgica más frecuente: la sufre el 21% de la población en nuestro país. También es el primer motivo de consulta a especialistas de alergología, tanto en niños como en adultos. Y el 40% de esas visitas no se debe al polen primaveral, sino a alergias a los ácaros, los verdaderos protagonistas de las reacciones no estacionales.

EL ENEMIGO INVISIBLE. Son microscópicos, tienen nombres complicados (Dermatophagoides pteronyssinus y D. farinae) y el invierno les sienta especialmente bien. Los ácaros son los principales agentes alergenos que se esconden en nuestro hogar. Estos arácnidos tienden a acumularse en nuestros colchones, almohadas, alfombras, moquetas y ropa almacenada. En cuanto llega el frío nuestras casas reúnen las mejores condiciones para que se multipliquen (de hecho, llegan a triplicar su número a partir del cambio de estación) porque aumenta la humedad y la temperatura que se consigue gracias a la calefacción es la ideal para que proliferen. Las heces de estos animales contienen proteínas alérgicas que pueden dar lugar a rinitis, conjuntivitis y asma bronquial. Se estima que el riesgo de desarrollar alergia es superior en los niños que viven expuestos a niveles elevados de ácaros durante el primer año de su vida. Esa exposición es más elevada en la población que habita en zonas con una humedad relativa alta y temperatura cálida (como, por ejemplo, Canarias) y en domicilios que tienen calefacción, mascotas o con una deficiente limpieza y ventilación.

REACCIÓN EXAGERADA. Una persona que desarrolla una rinitis alérgica por culpa de los ácaros produce unos anticuerpos específicos llamados IgE. Cuando las partículas de los ácaros se ponen en contacto con la mucosa de la nariz, se produce una reacción inflamatoria (desencadenada por la unión del anticuerpo y el alergeno) que da lugar a los famosos estornudos, el moco acuoso, el picor y la congestión nasal. Si estos síntomas aparecen especialmente cuando se está limpiando el polvo o al levantarse por las mañanas, entonces hay que sospechar que sufrimos una rinitis alérgica por culpa de estos seres. "Dos microgramos de alérgenos de ácaros por gramo de polvo son suficientes para sensibilizar a un individuo previamente no alérgico y 10 microgramos por gramo de polvo pueden causar un ataque de asma", explica la dra. Ana Navarro, coordinadora Comité Rinoconjuntivitis de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

Luchar contra la aparición de los ácaros es una batalla perdida, aunque sí ayuda aplicar medidas higiénicas, como intentar que no se acumule polvo en casa más de ocho días (especialmente en los dormitorios); utilizar paños húmedos y un aspirador para retirarlo (incluyendo el colchón, la almohada y las cortinas); prescindir de peluches, alfombras y moquetas; usar fundas antiácaros para colchones y almohadas, y lavar la ropa de cama con agua caliente (60o C) cada semana.

En cuanto al tratamiento, se puede recurrir a la vacunación, que además de mejorar los síntomas y reducir la necesidad de medicación puede evitar el desarrollo de nuevas sensibilizaciones a otros alergenos o la aparición de asma. Por otra parte, la terapia farmacológica debe ser individualizado por el especialista y adaptada a cada caso teniendo en cuenta la frecuencia e intensidad de sus síntomas y su asociación a conjuntivitis o a asma. Pero para alcanzar buenos resultados es muy importante obtener un diagnóstico precoz. Poseer una historia familiar de alergia, la estacionalidad de los síntomas y la coincidencia de molestias oculares y nasales son algunos de los datos clínicos que hacen sospechar al especialista cual es el problema.

A CUALQUIER EDAD.
Existe la creencia de que si no se ha padecido alergia en la infancia es imposible sufrirla de adulto... pero es falsa. La rinitis alérgica puede iniciarse a cualquier edad, aunque sí es cierto que es más frecuente entre niños y jóvenes. No obstante, cualquier persona con predisposición genética y expuesta a estos microscópicos arácnidos puede desarrollarla, una tendencia que parece crecer año a año. "El llamativo aumento en la frecuencia de rinitis alérgica por ácaros en los últimos años puede estar vinculado, entre otras causas, a una mayor exposición a alergenos en el interior de las viviendas. Para que las casas no pierdan calor y conserven mejor la energía se ventilan menos y esto contribuye a acumular más ácaros en el polvo doméstico", explica la dra. Navarro.

Uno de los principales problemas para iniciar el tratamiento adecuado es detectar el problema, para lo que hay que luchar contra la desinformación. Se estima que cerca de cuatro millones de españoles padecen rinitis perenne, pero la mayoría solo reclama asistencia especializada cuando los síntomas nasales se hacen persistentes o intensos. "La rinitis suele estar infravalorada al no ser una enfermedad grave y este hecho hace que se demore mucho la solicitud de asistencia médica. Pero un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado conllevan una mejor calidad de vida", destaca la dra. Navarro.

¿QUÉ HACEMOS CON EL GATO?

Algunos alergenos de animales mamíferos (perros, gatos, roedores...) presentes en su pelo, saliva u orina pueden sensibilizar a personas atópicas y dar lugar a la molesta rinitis. Los síntomas pueden ser de intensidad muy variable dependiendo del grado de sensibilización del paciente y del nivel de exposición. El tratamiento es similar al de los ácaros, adaptado a cada caso y a la intensidad de los síntomas.

También hay que valorar la indicación de inmunoterapia. Las vacunas pueden ser una alternativa en algunos casos concretos en los que sea imposible evitar el contacto con el animal, provoque problemas personales o laborales graves. No existen demasiados remedios 'caseros' para mitigar sus efectos. Si no se puede renunciar a convivir con el animal, se debe extremar las medidas de limpieza (usando con frecuencia el aspirador) y aireación de la vivienda, evitar que permanezca en el dormitorio del paciente y lavar al animal a menudo.

ALERGIA AL FRÍO... ¿DE VERDAD EXISTE?
La exposición a bajas temperaturasda lugar a una respuesta fisiológica que se traduce en la aparición de moco acuoso por la activación del sistema nervioso autónomo. Pero algunas personas presentan un umbral de reactividad muy bajo y sufren estos síntomas ante cambios mínimos de temperatura. No es exactamente una alergia, sino una respuesta exagerada del sistema nervioso.

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